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Maria Elvira Roca, historiadora: "Pienso que se va a apretar el zapato mucho en los próximos diez o quince años"
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Maria Elvira Roca, historiadora: "Pienso que se va a apretar el zapato mucho en los próximos diez o quince años"

Cuestiona la mirada con la que Occidente interpreta el mundo actual y alerta sobre la gran necesidad de hacer una revisión profunda de su modo de pensar y actuar

Foto: Maria Elvira Roca Barea (Youtube | Tengo un plan podcast)
Maria Elvira Roca Barea (Youtube | Tengo un plan podcast)

María Elvira Roca vuelve a poner el foco en una de sus grandes obsesiones intelectuales: la dificultad de Occidente para entender el mundo que cambia ante sus ojos. La historiadora sostiene que buena parte de los errores actuales nacen de una mirada soberbia, incapaz de aprender de otras culturas y de reconocer que el poder ya no está donde estuvo durante siglos.

Durante una entrevista reciente, Roca reflexiona sobre la pérdida de una noción esencial para comprender la historia: el tiempo largo. A su juicio, el ser humano tiende a percibir el pasado como un bloque uniforme, sin matices ni etapas, y solo la educación permite ordenar los acontecimientos en una línea temporal coherente. Cuando ese aprendizaje desaparece, advierte, la historia se convierte en un simple “amontonamiento” de hechos sin sentido, incapaz de generar conocimiento ni criterio.

Ese déficit educativo tiene consecuencias directas en el presente. Según Roca, muchas sociedades occidentales afrontan las crisis actuales —políticas, económicas y geopolíticas— sin referencias sólidas, creyendo que lo que ocurre es completamente nuevo cuando la historia ofrece ya paralelismos. Las grandes convulsiones, explica, suelen repetirse con síntomas similares: desconcierto social, desafección hacia las instituciones y la aparición de discursos que prometen soluciones simples a problemas complejos.

La historiadora sitúa una de las claves del momento actual en la crisis simultánea de la democracia liberal y del Estado nación. A su entender, ambos modelos han perdido prestigio por la percepción de corrupción, por el peso creciente de los impuestos sobre las clases trabajadoras y por la incapacidad de los Estados para controlar un capitalismo financiero global que se mueve fuera de cualquier frontera. Esa combinación alimenta frustración e ira, un terreno fértil para líderes que actúan como modernos flautistas de Hamelín.

Roca insiste en que este contexto exige una revisión profunda de la actitud occidental frente a potencias como China. “Lo primero que el occidental necesita es una cualidad que nunca ha tenido: humildad”, afirma. Considera que Europa y Estados Unidos siguen observando Asia con condescendencia, ignorando que China ha protagonizado una de las mayores transformaciones económicas de la historia sin recurrir a guerras y con una planificación a largo plazo radicalmente distinta a la mentalidad inmediata occidental.

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Desde su perspectiva histórica, ese contraste no es anecdótico. Mientras Occidente busca recompensas rápidas y resultados visibles a corto plazo, la cultura china acepta sembrar para generaciones futuras. Esa diferencia, subraya Roca, explica parte del desplazamiento del poder global y obliga a replantear viejas certezas. Negar la realidad, advierte, nunca ha sido una estrategia eficaz en los grandes ciclos históricos.

Comprender cómo han funcionado otros imperios, cómo se han producido las grandes transiciones de poder y por qué algunas sociedades han sabido adaptarse mientras otras se han hundido puede ser el primer paso para afrontar un futuro incierto sin caer en falsas promesas ni nostalgias estériles.

María Elvira Roca vuelve a poner el foco en una de sus grandes obsesiones intelectuales: la dificultad de Occidente para entender el mundo que cambia ante sus ojos. La historiadora sostiene que buena parte de los errores actuales nacen de una mirada soberbia, incapaz de aprender de otras culturas y de reconocer que el poder ya no está donde estuvo durante siglos.

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