La princesa Luisa, la hija más rebelde de la reina Victoria del Reino Unido: artista, feminista y alejada del protocolo
Sexta hija de la reina Victoria, Luisa fue una figura incómoda para su tiempo: artista reconocida, defensora del feminismo y protagonista de rumores que la corte intentó silenciar durante la Inglaterra victoriana
Fotografía de la princesa Luisa del Reino Unido (1848-1939).
La princesa Luisa del Reino Unido fue una de las figuras más libres, cultas y polémicas de la monarquía británica del siglo XIX. Figura destacada en el mundo del arte, comprometida con las ideas feministas y rodeada de rumores jamás confirmados, su biografía rompe con la imagen rígida y encorsetada asociada a la era victoriana.
Luisa Carolina Alberta nació el 18 de marzo de 1848 en el Palacio de Buckingham y fue la sexta descendiente de los nuevos hijos del matrimonio formado porla reina Victoria (1819-1901) y el príncipe Alberto (1819-1861). Desde la infancia destacó por su belleza, su inteligencia y una curiosidad inagotable que le valió en la corte el apodo de 'Little Miss Why', por su costumbre de cuestionarlo todo y no aceptar respuestas cerradas.
Foto de la princesa disfrazada en su infancia y con sus hermanas Helena y Beatriz.
Su carácter inquieto chocó pronto con el ambiente opresivo que se instaló en la familia real tras la muerte del príncipe Alberto, cuando ella tenía tan solo 13 años. El luto extremo decretado por la reina Victoria marcó su adolescencia, que vivió aquellos años como una etapa de encierro emocional y social que intensificó los roces con su madre.
Vocación artística excepcional y alejada del protocolo
Siguiendo los planes pedagógicos diseñados por su padre, Luisa recibió una formación exigente y poco convencional para una princesa, con tareas manuales, disciplina intelectual y estímulos creativos. Muy pronto destacó por su talento artístico, algo que incluso personas ajenas a palacio, como el hijo del poeta Alfred Tennyson, señalaron cuando aún era adolescente.
Aunque una carrera profesional estaba vetada por su condición real, la reina Victoria aceptó que su hija recibiera formación reglada en arte. Luisa estudió escultura con Mary Thornycroft y más tarde en la National Art Training School, hoy Royal College of Art, convirtiéndose en una de las pocas mujeres de la realeza europea con una preparación artística profesional.
Esa vocación la acompañó toda la vida. Tuvo estudio propio, algo excepcional para una hija de reina, y firmó obras relevantes como la estatua de la reina Victoria realizada para el Jubileo de Oro, situada cerca del Palacio de Kensington, o el monumento a los soldados canadienses caídos en la guerra de los Bóer en la catedral de San Pablo. Luisa defendía que el arte debía tener un papel social y educativo, no solo decorativo.
La escultura de la reina Victoria hecha con motivo de su jubileo por su hija, la princesa Luisa. (Foto: iStock)
Frecuentó círculos intelectuales y artísticos londinenses y mantuvo amistad con figuras como Rossetti, Millais o George Eliot. Su forma de vida escandalizaba a la alta sociedad: fumaba, montaba en bicicleta, cocinaba ella misma y rechazaba el corsé social impuesto a las mujeres de su clase. Su actitud bohemia era vista como una provocación en la Inglaterra victoriana.
Amores, rumores y una vida privada bajo sospecha
La juventud de Luisaestuvo rodeada de habladurías que nunca se han podido confirmar por completo. Cuando tenía 17-18 años, comenzaron a circular comentarios en círculos cercanos a la corte sobre una posible relación íntima con Walter Stirling, tutor de su hermano menor, el príncipe Leopoldo (1853-1884). Stirling era un hombre culto, cercano a la familia real y de edad superior a la de Luisa, lo que encajaba con los patrones de escándalos silenciados en la época.
Retratos de juventud de la princesa Luisa.
Según esta versión, Luisa habría dado a luz a un niño en absoluto secreto en 1867, presuntamente dentro del entorno de Buckingham, que estuvo rodeado por el regimiento de Fusileros Escoceses, oficialmente por motivos de seguridad, aunque algunos autores sostienen que el despliegue buscaba garantizar privacidad extrema ante un acontecimiento delicado. El niño habría sido adoptado por Sir Henry Locock (1799-1875), ginecólogo personal de la reina Victoria, que tenía acceso médico privilegiado al entorno real, lo que explicaría su papel en una operación de encubrimiento sin precedentes.
Aunque nunca existió su partida de nacimiento, recibió el nombre de Henry. Muchos años después, en 2004, Nicholas Locock intentó someterse a pruebas de ADN para confirmar que su abuelo tenía un vínculo genético con la Casa Real británica. Sin embargo, los tribunales rechazaron la solicitud, alegando razones legales y de protección institucional. Además, los archivos personales de Luisa y de la familia Argyll permanecen cerrados a día de hoy, lo que ha reforzado las sospechas de este misterio en lugar de disiparlas.
Más adelante se le atribuyeron romances con figuras cercanas a la corte, como Arthur Bigge que era secretario privado adjunto de la reina, y al mundo artístico, como el escultor Sir Joseph Edgar Boehm, que murió en 1890 en circunstancias que también dieron pie a especulaciones. Nada de ello pudo demostrarse, pero reforzó su imagen de princesa indómita.
Una boda histórica que rompió siglos de tradición
Llegada la hora de desposarse, Luisarechazó varios candidatos de casas reales europeas y defendió con firmeza la elección de su futuro marido. El elegido fue John George Sutherland Campbell (1845-1914), marqués de Lorne, y esta decisión supuso un auténtico terremoto en la monarquía de Reino Unido. ¿La razón? Era la primera vez, desde 1515, que una hija de un monarca reinante contraía matrimonio morganático, es decir, con un súbdito británico y no con un príncipe extranjero, como correspondía a su rango. Ante su obstinación, su madre, contraria al enlace, no tuvo otra que aceptar con el argumento de que aportaría “sangre nueva” a la familia real, algo que nunca llegó a cumplirse.
Cuadro de la boda de la princesa Luisa y John Douglas Sutherland Campbell, pintado por Sydney Prior Hall. (Royal Collection Trust)
La boda se celebró el 21 de marzo de 1871 en la capilla de San Jorge del castillo de Windsor. Fue una ceremonia solemne, pero con detalles que reflejaban la personalidad de la novia. Luisa diseñó su propio velo de encaje y optó por una imagen elegante, pero sin excesos, alejándose del boato habitual en estas ceremonias reales. Fue acompañada al altar por su madre y por sus hermanos mayores, Eduardo (1841-1910) y Alfredo (1844-1900).
El matrimonio fue complejo, aunque cordial, y pronto se hizo evidente que no se ajustaba al modelo tradicional. Lorne era bastante excéntrico y compartía con Luisa su rechazo al protocolo. Sin embargo, la homosexualidad del marqués, conocida en los círculos privados, marcó la distancia emocional de la pareja y la ausencia de hijos. Aun así, mantuvieron una convivencia basada en la independencia mutua.
Retratos oficiales de John Douglas Sutherland Campbell y la princesa Luisa de Reina Unido.
Cuando Lorne fue nombrado gobernador general de Canadá en 1878, Luisa se trasladó a Ottawa como virreina consorte. Allí apoyó la educación superior, las artes y la igualdad femenina, y suavizó el ceremonial oficial, lo que le granjeó simpatías y críticas a partes iguales. Un grave accidente de trineo y la muerte de su hermana Alicia (1843-1878) ensombrecieron esa etapa en el extranjero.
Una princesa abiertamente feminista
De regreso a Reino Unido, en 1883, la pareja se instaló en el Palacio de Kensington, donde Luisa retomó con entusiasmo sus compromisos públicos. Defendió abiertamente los derechos de la mujer. Apoyó el acceso femenino a la educación superior, presidió asociaciones benéficas que promovían el trabajo remunerado para mujeres sin recursos y mantuvo contacto con referentes del feminismo británico como Josephine Butler y Elizabeth Garrett, pionera de la medicina femenina.
Retrato realizado por Philip Laszlo en 1915 y una de las fotografías antes de morir.
Su postura a favor del sufragio femenino la enfrentó directamente con su madre, contraria a cualquier avance en ese terreno. Luisa no ocultó sus ideas y utilizó su posición para dar visibilidad a causas sociales, algo poco habitual en una princesa de su tiempo. Además, siguió creando como escultora y pintora, siempre al margen de la rigidez victoriana.
Con el paso de los años, el matrimonio se reconcilió. Fueron nombrados duques de Argyll en 1900, cuando el marqués heredó el título de 9.º duque de Argyll tras la muerte de su padre. Luisa cuidó a su marido cuando enfermó de Alzheimer hasta su muerte en 1914. Ya viuda, se retiró progresivamente de la vida pública, aunque siguió siendo una figura muy querida dentro de la familia real y estuvo muy unida a su hermana Beatriz (1857-1944), madre de la reina Victoria Eugenia de España (1887-1969).
Su obituario la describió como la menos convencional de los hijos de la reina Victoria
Murió el 3 de diciembre de 1939, a los 91 años, en su residencia de Kensington. Fue enterrada envuelta en el velo de novia que ella misma había diseñado casi siete décadas antes. Su obituario la describió como la menos convencional de los hijos de la reina Victoria, una definición que resume a la perfección la vida de una princesa que, sin lugar a duda, desafió su tiempo.
La princesa Luisa del Reino Unido fue una de las figuras más libres, cultas y polémicas de la monarquía británica del siglo XIX. Figura destacada en el mundo del arte, comprometida con las ideas feministas y rodeada de rumores jamás confirmados, su biografía rompe con la imagen rígida y encorsetada asociada a la era victoriana.