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Qué le pasa a tu cuerpo si duermes mal después de los 50: el efecto del insomnio en la longevidad
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Qué le pasa a tu cuerpo si duermes mal después de los 50: el efecto del insomnio en la longevidad

Dormir mal a partir de los 50 no solo resta energía diaria: también puede acelerar el deterioro físico y mental y reducir la esperanza de vida

Foto: El insomnio infantil es relativamente fácil de solucionar. (Freepik)
El insomnio infantil es relativamente fácil de solucionar. (Freepik)

Dormir bien deja de ser algo automático con el paso de los años. A partir de los 40 y, especialmente, después de los 50, el descanso nocturno suele volverse más irregular, menos profundo y con un mayor número de despertares. Esta pérdida de calidad del sueño reduce su efecto reparador y acaba afectando a la salud general, desde el sistema inmunitario hasta el equilibrio emocional y el correcto funcionamiento del cerebro, con impacto directo en la longevidad.

La sensación de no haber descansado lo suficiente se refleja en el cansancio, el peor estado de ánimo y la falta de energía durante el día, pero las consecuencias van mucho más allá. Dormir mal de forma continuada se asocia a un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, hipertensión, diabetes tipo 2, ansiedad o depresión. Según explica Gonzalo Ruiz Utrilla, biohacker experto en longevidad, dormir menos de seis horas por noche se relaciona directamente con una esperanza de vida más corta, debido a la alteración de la melatonina y al aumento del cortisol.

El envejecimiento también modifica la forma en la que descansa el cerebro. El sueño profundo, clave para la memoria y la retención de recuerdos, suele reducirse con la edad. Esta fase del descanso depende en parte del neurotransmisor GABA, cuyos niveles disminuyen con los años y también en personas con Alzheimer. La falta de un descanso reparador puede acelerar el deterioro cognitivo, afectar a la concentración y dificultar el aprendizaje.

Además del impacto físico y mental, dormir mal tiene consecuencias emocionales y funcionales. Aumentan la irritabilidad, la baja tolerancia al estrés, la debilidad del sistema inmune y el riesgo de caídas y accidentes. Mantener rutinas de sueño, limitar la cafeína, regular la exposición a la luz, hacer ejercicio con antelación y cuidar la alimentación son hábitos recomendados por expertos para mejorar el descanso y proteger la salud a partir de los 50 años.

Dormir bien deja de ser algo automático con el paso de los años. A partir de los 40 y, especialmente, después de los 50, el descanso nocturno suele volverse más irregular, menos profundo y con un mayor número de despertares. Esta pérdida de calidad del sueño reduce su efecto reparador y acaba afectando a la salud general, desde el sistema inmunitario hasta el equilibrio emocional y el correcto funcionamiento del cerebro, con impacto directo en la longevidad.

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