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Mapi Herrero, experta en nutrición pediátrica: "La idea de que un niño tiene que adelgazar es nefasta"
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Mapi Herrero, experta en nutrición pediátrica: "La idea de que un niño tiene que adelgazar es nefasta"

Cuestiona los mensajes que se lanzan desde la familia, la escuela y la consulta médica y defiende un enfoque centrado en el respeto al crecimiento, los ritmos infantiles y la salud emocional

Foto: La nutricionista Mapi Herrero (Youtube)
La nutricionista Mapi Herrero (Youtube)

La forma en la que hablamos del cuerpo y de la comida durante la infancia tiene consecuencias que duran toda la vida. Así lo defiende Mapi Herrero, nutricionista especializada en alimentación pediátrica, que alerta del daño que provocan los mensajes bienintencionados pero equivocados sobre el peso infantil. “Un niño no tiene que adelgazar nunca. Lo que hay que hacer es acompañar su crecimiento y desarrollo”, insiste.

Herrero pone el foco en un problema estructural: la infancia vive organizada con horarios de adultos, lo que afecta directamente a la relación con la comida. Obligar a desayunar a un niño cuando su cuerpo aún no está preparado o impedirle comer hasta el recreo genera más conflictos que beneficios. “El desayuno no es la comida más importante del día. Es una ingesta más, y no pasa nada si un niño no desayuna siempre que después pueda comer”, explica.

Uno de los momentos más delicados, según la experta, llega alrededor de los nueve años. Es entonces cuando aparecen los primeros comentarios sobre el cuerpo en revisiones médicas o en el entorno familiar. “Ahí empieza muchas veces una mala relación con la comida y con el propio cuerpo”, advierte. Frases como “se está poniendo gordito” o “tiene que cuidarse” se quedan grabadas y pueden marcar la autoestima durante décadas.

Herrero denuncia también el estigma de peso que sigue presente incluso en el sistema sanitario. “Un niño con sobrepeso que se queja de dolor de tripa suele recibir antes un juicio sobre lo que come que una investigación real de lo que le pasa. A un niño delgado no le ocurre lo mismo”, señala. A su juicio, el peso no puede ser el único indicador de salud, ni en niños ni en adultos.

En consulta, la nutricionista se encuentra con familias angustiadas a las que se les ha trasladado un mensaje simplista: comer menos y moverse más. “Eso es como decirle a alguien con problemas económicos que trabaje más y ahorre. No siempre es posible”, compara. La alimentación, recuerda, está atravesada por factores sociales, emocionales y económicos que no dependen solo de la voluntad.

Otro de los grandes conflictos aparece con los dulces. Herrero defiende el llamado “permiso incondicional”: no prohibir alimentos, sino quitarles la carga moral. “La restricción genera más deseo. Cuando un niño sabe que puede comer dulces, desaparece la obsesión”, explica. La clave está en la coherencia familiar: si algo no se quiere ofrecer, no se compra; si se ofrece, no se castiga ni se señala.

Lejos de la permisividad absoluta, la experta apuesta por un estilo parental asertivo, con límites claros y opciones dentro de esos límites. “Los niños necesitan normas para sentirse seguros, pero también respeto a sus señales de hambre y saciedad”, apunta. Forzar platos, etiquetar alimentos como buenos o malos o comparar a hermanos solo alimenta el conflicto.

Herrero también cuestiona el enorme peso de la industria alimentaria en la infancia. Productos como “mi primera galleta” o “mi primer cacao” no son necesarios, sostiene, y responden más a estrategias de fidelización que a necesidades nutricionales reales. “Cuanto antes reconocen una marca, más años te la van a comprar”, comenta.

Los niños nacen con una buena relación con la comida y con su cuerpo, y somos los adultos quienes la distorsionamos. Escuchar más a la infancia, respetar sus ritmos y dejar de convertir el peso en un problema moral es, para ella, una cuestión de salud pública.

La forma en la que hablamos del cuerpo y de la comida durante la infancia tiene consecuencias que duran toda la vida. Así lo defiende Mapi Herrero, nutricionista especializada en alimentación pediátrica, que alerta del daño que provocan los mensajes bienintencionados pero equivocados sobre el peso infantil. “Un niño no tiene que adelgazar nunca. Lo que hay que hacer es acompañar su crecimiento y desarrollo”, insiste.

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