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Federico Baena, médico: "Si el implante dental viene contaminado con algún metal que no es titanio, tu cuerpo no va a reaccionar favorablemente"
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Federico Baena, médico: "Si el implante dental viene contaminado con algún metal que no es titanio, tu cuerpo no va a reaccionar favorablemente"

Los expertos apuntan a un factor clave que suele pasar desapercibido y que puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso de una intervención dental

Foto: (Youtube | Dr. Federico Baena)
(Youtube | Dr. Federico Baena)

El aumento de casos de implantes dentales que fracasan está generando dudas y preocupación entre muchos pacientes. En redes sociales abundan mensajes alarmistas que ponen en cuestión una técnica que, bien aplicada, lleva décadas demostrando su eficacia.

“El cuerpo humano es extraordinariamente selectivo”, explica en su canal de Youtube el doctor Federico Baena. Cuando se introduce un implante de titanio puro en el hueso, lo habitual es que este crezca a su alrededor y lo integre de forma natural. Esa capacidad de aceptación es la misma que permite usar titanio en prótesis de cadera o de fémur sin que el organismo reaccione de forma adversa. Por eso, insiste, el rechazo no es lo normal cuando el material es el adecuado.

El verdadero riesgo aparece cuando el implante no es tan “puro” como debería. “Si el implante dental viene contaminado con algún metal que no es titanio, tu cuerpo no va a reaccionar favorablemente”, advierte el médico. Durante el proceso de fabricación, una mala calidad en las herramientas o la ausencia de controles estrictos puede dejar restos microscópicos de otros metales, como cobre o tungsteno. Esos contaminantes sí activan una respuesta defensiva del organismo, que intenta expulsar lo que percibe como dañino.

Baena alerta especialmente sobre el auge de implantes a precios muy bajos. “Cuando algo es excesivamente barato, conviene preguntarse por qué”, señala. Muchas de estas piezas no cuentan con certificaciones internacionales que garantizan que llegan al quirófano libres de contaminantes. El resultado puede ser devastador para el paciente: una cirugía invasiva, un implante perdido y la necesidad de empezar de nuevo.

La calidad del material, sin embargo, es solo uno de los factores clave. La experiencia del profesional y la técnica quirúrgica marcan la diferencia entre el éxito y el fracaso. Una correcta planificación, el uso de pruebas de imagen y la colocación del implante con la fuerza adecuada reducen de forma drástica las complicaciones. Incluso en las mejores manos, reconoce Baena, existe un pequeño porcentaje de fallos, pero lo habitual es superar tasas de éxito cercanas al 98%.

Foto: (Youtube | Federico Baena)

La salud general del paciente también pesa, y mucho. Déficits de vitamina D, problemas de glucosa, colesterol elevado o hábitos como el tabaco y el consumo excesivo de alcohol aumentan el riesgo de que el implante no se integre. “No todo el mundo es candidato inmediato a un implante dental”, subraya el médico, que insiste en la importancia de estudiar al paciente antes de intervenir y no acelerar procesos.

Por último, Baena recuerda un aspecto que suele olvidarse: el mantenimiento. Los implantes no son “para toda la vida” sin revisiones. Controles periódicos, radiografías, ajustes de la mordida y limpiezas específicas con instrumental adecuado son esenciales para evitar infecciones y alargar su duración

El aumento de casos de implantes dentales que fracasan está generando dudas y preocupación entre muchos pacientes. En redes sociales abundan mensajes alarmistas que ponen en cuestión una técnica que, bien aplicada, lleva décadas demostrando su eficacia.

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