Sandra Moñino, nutricionista: “Hemos visto muchos casos de hipertiroidismo o hipotiroidismo regulados tras tomar vitamina D”
La creciente preocupación por los trastornos tiroideos ha llevado a muchas personas a buscar alternativas que complementen los tratamientos habituales
La salud tiroidea se ha convertido en una de las preocupaciones más frecuentes en consultas de nutrición y medicina general. Cansancio permanente, aumento de peso sin motivo aparente o la sensación de que “algo falla” a nivel hormonal llevan a muchas personas a buscar respuestas más allá de la medicación clásica.
La experta recuerda que la tiroides, esa pequeña glándula con forma de mariposa situada en el cuello, dirige funciones clave como el metabolismo, la energía o la salud cardiovascular. “Cuando la tiroides no produce suficiente hormona tiroidea, el cuerpo empieza a ralentizarse”, explica, y de ahí llegan síntomas como la fatiga extrema, la retención de grasa o la dificultad para perder peso pese a llevar una rutina saludable.
Moñino reconoce que fármacos como el Eutirox son imprescindibles en muchos casos, pero advierte de que no siempre se acompaña su consumo de un cambio real en la alimentación. Según relata, es habitual que la dosis aumente con los años porque no se aborda el origen del problema. Su enfoque propone lo contrario: revisar analíticas, reforzar la dieta y entender qué nutrientes participan directamente en la producción y conversión de hormonas tiroideas.
La nutricionista resume su método en cinco pilares: selenio, zinc, yodo, hierro y vitamina C. Cada uno cumple una función distinta, desde apoyar al sistema inmunitario hasta facilitar la producción de la hormona tiroidea o mejorar la absorción de minerales. Las nueces de Brasil, los moluscos, las carnes rojas o la sal yodada aparecen entre los alimentos que más recomienda introducir.
Moñino insiste, además, en separar el hierro del calcio para mejorar la absorción y acompañarlo de vitamina C si se busca un mayor efecto. “Pequeños cambios como estos pueden notarse en cuestión de semanas, siempre que la base de la alimentación sea antiinflamatoria”, afirma.
El gran protagonista: la vitamina D
Pero si hay un micronutriente que está generando conversación, ése es la vitamina D. Moñino lo tiene claro: “Hemos visto muchos casos de hipotiroidismo o hipertiroidismo regulados tras tomar suplementación de vitamina D”. La define como una verdadera hormona que influye en el sistema inmunitario y en procesos que van mucho más allá del estado de ánimo o la energía.
La experta recuerda que buena parte de esa vitamina D se sintetiza gracias al sol y que, por eso mismo, durante el otoño, el invierno y parte de la primavera es difícil mantener niveles óptimos. Algunos pacientes necesitan recargar durante el verano y otros requieren suplementación supervisada. “La clave está en medirla: no hay que suplementar a ciegas”, explica.
Aunque reconoce el papel de los suplementos, Moñino evita depender exclusivamente de ellos. Insiste en que es imposible mejorar la tiroides si la dieta sigue llena de ultraprocesados, alcohol, azúcares o aditivos. Su propuesta pasa por volver a una alimentación antiinflamatoria, moverse más, exponerse a la luz solar y cuidar la salud intestinal.
“Dos nueces de Brasil no van a arreglar una tiroides si el resto del día comemos fatal”, resume entre risas. Y añade que lo ideal es crear una base sólida antes de recurrir a cápsulas, ampollas o mezclas vitamínicas.
La salud tiroidea se ha convertido en una de las preocupaciones más frecuentes en consultas de nutrición y medicina general. Cansancio permanente, aumento de peso sin motivo aparente o la sensación de que “algo falla” a nivel hormonal llevan a muchas personas a buscar respuestas más allá de la medicación clásica.