El mulching, conocido en español como acolchado, es una técnica cada vez más utilizada para mantener el suelo en buen estado sin recurrir a riegos constantes ni a productos químicos. Consiste en cubrir la superficie del terreno con distintos materiales para conservar la humedad y proteger las raíces. Su eficacia ha hecho que muchos jardineros expertos la recomienden tanto en huertos como en jardines y macetas.
Esta “manta” natural actúa como una barrera que ayuda a regular la temperatura del suelo, limita la evaporación del agua y reduce la aparición de malas hierbas al bloquear la luz. Además, protege las raíces frente a condiciones climáticas extremas, como las olas de calor o las heladas. Por ello, el mulching resulta especialmente útil en contextos de sequía y gestión eficiente del riego.
Existen diferentes tipos de acolchado, y elegir el más adecuado depende del entorno y de las plantas. El mulching orgánico, elaborado con paja, corteza de pino, hojas secas o restos de poda, se descompone con el tiempo y mejora la estructura y fertilidad del suelo. El mulching inorgánico, como la grava o las mallas antihierbas, destaca por su durabilidad y por facilitar el mantenimiento.
Para aplicar el acolchado correctamente, es fundamental preparar el suelo, eliminar previamente las malas hierbas y regar ligeramente antes de colocar el material. También se aconseja no cubrir el cuello de la planta y respetar el espesor adecuado según el tipo de mulching. Usado de forma responsable y adaptado a cada estación, este método contribuye a un jardín más sano y equilibrado durante todo el año.
El mulching, conocido en español como acolchado, es una técnica cada vez más utilizada para mantener el suelo en buen estado sin recurrir a riegos constantes ni a productos químicos. Consiste en cubrir la superficie del terreno con distintos materiales para conservar la humedad y proteger las raíces. Su eficacia ha hecho que muchos jardineros expertos la recomienden tanto en huertos como en jardines y macetas.