Inés Moreno, traumatóloga: "A Phineas Gage una barra de acero le atravesó el cráneo y no murió"
Sobrevivir a una barra atravesando el cráneo parece imposible, pero ocurrió. La traumatóloga recupera el caso de Phineas Gage, un accidente que no solo desafió a la medicina del siglo XIX, sino que cambió para siempre la forma de entender el cerebro
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Un accidente ocurrido hace más de siglo y medio sigue siendo hoy una referencia clave para entender cómo funciona el cerebro humano. La traumatóloga Inés Moreno ha recuperado la historia de Phineas Gage para explicar por qué una lesión cerebral puede cambiar por completo quiénes somos, incluso cuando el paciente sobrevive contra todo pronóstico.
Phineas Gage tenía 26 años y trabajaba como capataz en la construcción del ferrocarril en Vermont cuando, el 13 de septiembre de 1848, una barra de acero salió despedida durante una explosión. El hierro, de más de tres metros de largo y varios centímetros de grosor, entró por su mejilla, atravesó el cráneo y salió por la parte superior de la cabeza. Lo que parecía incompatible con la vida ocurrió: no murió.
@latraumatologageek 26 años. Capataz respetado. Hasta 1848 Una barra de acero le atravesó el cráneo. No murió. Hablaba. Pero su personalidad cambió para siempre. Nos enseñó algo espectacular: no somos magia, somos cerebro. Si cambia tu cerebro… ¿sigues siendo tú? #neurociencia #cerebro #ciencia #historia #medicina ♬ sonido original - La Traumatóloga Geek
Tal y como explica Moreno, lo más impactante es que Gage no perdió la conciencia y pudo hablar minutos después del accidente. “Una barra de acero le atravesó el cráneo y no murió”, recuerda la especialista, subrayando que el cuerpo humano puede resistir daños extremos. Sin embargo, la verdadera consecuencia no fue solo física.
Tras recuperarse, quienes le conocían notaron que algo había cambiado. El hombre responsable, educado y respetado por su equipo se volvió impulsivo, agresivo y sin control sobre sus decisiones. “Era él, pero no era él”, resume la traumatóloga, aludiendo a uno de los aspectos más inquietantes del caso.
Este episodio marcó un antes y un después en la medicina y la neurociencia. Por primera vez, los médicos pudieron relacionar una lesión concreta —en este caso, en el lóbulo frontal— con funciones como la personalidad, el juicio y la toma de decisiones. La mente dejó de entenderse como algo abstracto y pasó a vincularse directamente a estructuras del cerebro.
Phineas Gage vivió más de diez años después del accidente con una abertura permanente en el cráneo. Su historia se conserva hoy en un museo, donde su calavera sigue recordando que la identidad también es biología y que unos centímetros de tejido cerebral pueden marcar la diferencia entre ser una persona u otra.
El caso, como plantea Inés Moreno, sigue lanzando una pregunta incómoda, pero necesaria: si una parte del cerebro cambia o se pierde, ¿seguimos siendo exactamente la misma persona? Una duda que, más de 170 años después, continúa abierta.
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