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Ana Ibáñez, neurocientífica: "Cuando un cerebro está en transición, es normal que no te puedas concentrar o que se te olviden nombres"
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Ana Ibáñez, neurocientífica: "Cuando un cerebro está en transición, es normal que no te puedas concentrar o que se te olviden nombres"

Despistes puntuales, dificultad para mantener la atención o la sensación de tener la mente más lenta de lo habitual generan inquietud en muchas mujeres a partir de cierta etapa vital

Foto: Ana Ibáñez (Youtube | Mujer Vital con Edgar Barrionuevo)
Ana Ibáñez (Youtube | Mujer Vital con Edgar Barrionuevo)

Olvidar nombres, sentir la mente espesa o notar que cuesta más concentrarse no siempre es una señal de alarma. En muchos casos, es simplemente el reflejo de un cerebro que se está adaptando a un cambio interno, especialmente en etapas marcadas por alteraciones hormonales. Así lo explica la neurocientífica Ana Ibáñez, especializada en neurociencia aplicada y entrenamiento cerebral, durante su participación en el pódcast Mujer Vital.

Ibáñez pone el foco en momentos clave de la vida de la mujer como la pubertad, el embarazo o la perimenopausia y la menopausia. En estas fases, el cerebro se ve obligado a reajustar su equilibrio interno. “Cuando hay un cambio hormonal importante, el cerebro entra en un periodo de transición que es incómodo a nivel cognitivo y emocional”, señala. Esa adaptación exige energía, y durante ese proceso es habitual experimentar despistes, falta de foco o sensación de ‘niebla mental’.

Uno de los mensajes que más insiste en transmitir la experta es tranquilizador. “Que se te olviden nombres o que te cueste concentrarte no significa que estés desarrollando una demencia”, subraya. El problema, explica, es que muchas mujeres viven estos síntomas con miedo, sin saber que forman parte de un ajuste temporal del cerebro ante una nueva etapa vital.

Además de los cambios cognitivos, el impacto también se nota a nivel emocional. Cambios de humor, tristeza puntual o mayor sensibilidad tienen una base neurológica clara. El hipotálamo, encargado de regular funciones como la temperatura corporal o el sueño, también se ve alterado durante estos procesos, lo que ayuda a entender fenómenos tan comunes como los sofocos o el insomnio.

Lejos de ver estas etapas solo desde la pérdida, Ibáñez propone cambiar la mirada. Según explica, el cerebro femenino gana otras capacidades durante estos periodos, como una mayor visión estratégica, más intuición y una lectura más rápida del entorno. “Muchas mujeres se dan cuenta de que ahora ven la película antes, entienden mejor las situaciones y toman decisiones con más perspectiva”, apunta.

Desde su experiencia entrenando cerebros en contextos muy distintos, la neurocientífica insiste en que estos cambios pueden suavizarse. El entrenamiento cerebral, el descanso real, el contacto con la naturaleza y una buena gestión emocional ayudan a que el cerebro encuentre antes su nuevo equilibrio. “No es un cambio permanente ni algo contra lo que luchar, más bien un proceso que se puede acompañar”, explica.

Olvidar nombres, sentir la mente espesa o notar que cuesta más concentrarse no siempre es una señal de alarma. En muchos casos, es simplemente el reflejo de un cerebro que se está adaptando a un cambio interno, especialmente en etapas marcadas por alteraciones hormonales. Así lo explica la neurocientífica Ana Ibáñez, especializada en neurociencia aplicada y entrenamiento cerebral, durante su participación en el pódcast Mujer Vital.

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