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Por qué siempre nos queda espacio para el postre aunque estemos llenos, según un anatomista
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Por qué siempre nos queda espacio para el postre aunque estemos llenos, según un anatomista

La explicación no está en un “estómago extra”, sino en la forma en que el organismo combina fisiología, digestión y placer

Foto: Postres de Cédric Grolet
Postres de Cédric Grolet

Tras una comida abundante, especialmente en contextos festivos, es habitual experimentar una clara sensación de saciedad. Aun así, cuando llega el momento del postre, muchas personas descubren que todavía pueden comer algo dulce. Este fenómeno es tan común que en Japón existe el término betsubara, que se traduce como “otro estómago”, una expresión popular para describir esa percepción de espacio adicional.

Desde una perspectiva anatómica, no existe ningún compartimento reservado para los dulces. Sin embargo, el estómago humano es un órgano flexible, diseñado para adaptarse a la cantidad de comida ingerida. Durante la ingesta se activa la llamada acomodación gástrica, un proceso por el cual los músculos del estómago se relajan y se expanden, permitiendo aumentar su capacidad sin generar de inmediato una sensación de malestar.

También resulta clave el tipo de alimento. Los platos principales, ricos en grasas o proteínas, producen una mayor distensión gástrica y una digestión más lenta. En cambio, los postres suelen tener una textura más blanda y una composición que requiere menos esfuerzo digestivo inicial, lo que favorece la sensación de que “entran mejor”, incluso cuando ya se está lleno.

A todo ello se suma la intervención del cerebro. Más allá del hambre física, existe el llamado hambre hedónica, relacionada con el placer y la recompensa. Los sabores dulces activan circuitos neuronales asociados a la dopamina, debilitando temporalmente las señales de saciedad. Por eso, aceptar un postre no es una contradicción, sino una respuesta normal al modo en que cuerpo y mente regulan la alimentación.

Tras una comida abundante, especialmente en contextos festivos, es habitual experimentar una clara sensación de saciedad. Aun así, cuando llega el momento del postre, muchas personas descubren que todavía pueden comer algo dulce. Este fenómeno es tan común que en Japón existe el término betsubara, que se traduce como “otro estómago”, una expresión popular para describir esa percepción de espacio adicional.

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