Estíbaliz García, nutricionista: "El pescado azul pequeño no solo es accesible, sino que es un superalimento"
Una lata de sardinas puede parecer un recurso menor en la despensa, pero para la nutricionista es todo lo contrario. El pescado azul pequeño concentra nutrientes clave para la salud cardiovascular, el cerebro y los huesos
Estíbaliz García, nutricionista, lanza un mensaje claro y directo que desmonta uno de los grandes olvidos de la alimentación actual: una simple lata de sardinas puede tener un impacto real y positivo en la salud. Lejos de ser un recurso de emergencia o un alimento menor, el pescado azul pequeño se ha convertido en uno de los pilares que más defiende en su divulgación nutricional.
“El pescado azul pequeño no solo es accesible, sino que es un superalimento”, afirma García, que anima a incorporarlo al menos tres veces por semana en la dieta habitual. Su argumento no se basa en modas ni tendencias pasajeras, sino en una combinación de nutrientes clave que suelen escasear en la alimentación occidental.
Uno de los puntos fuertes está en su perfil graso. Las sardinas, boquerones o la caballa aportan Omega 3, grasas con efecto antiinflamatorio que ayudan a prevenir enfermedades cardiovasculares y a proteger la función cerebral. Según explica la nutricionista, el problema es que “consumimos mucho más Omega 6 que Omega 3”, un desequilibrio que favorece la inflamación crónica y que el pescado azul ayuda a corregir.
A esto se suma su riqueza en micronutrientes. García recuerda que una sola lata de sardinas cubre más del 100% de la vitamina B12 diaria, esencial para el sistema nervioso y la formación de glóbulos rojos. También aportan selenio, vitamina D y, si se consumen con espina, una cantidad notable de calcio, clave para la salud ósea.
Otro aspecto relevante es la seguridad alimentaria. Frente a pescados de mayor tamaño, la nutricionista recomienda priorizar especies pequeñas porque “tienen menos mercurio que otros como el atún o el pez espada”, lo que las convierte en una opción más segura para un consumo frecuente.
En cuanto a las conservas, García aconseja fijarse en el tipo de envase y el líquido de cobertura. Lo ideal es elegir pescado en aceite de oliva o, mejor aún, en aceite de oliva virgen extra, y optar por envases de cristal siempre que sea posible para reducir la exposición a contaminantes asociados a algunas latas.
Incorporar pescado azul pequeño no requiere recetas complejas ni grandes cambios en la rutina. Una ensalada, una tostada o un plato sencillo pueden convertirse en aliados de la salud con un gesto tan simple como abrir una conserva. “Empieza hoy mismo y tu cuerpo te lo agradecerá”, resume la nutricionista, convencida de que a veces las decisiones más sencillas son también las más efectivas.
Estíbaliz García, nutricionista, lanza un mensaje claro y directo que desmonta uno de los grandes olvidos de la alimentación actual: una simple lata de sardinas puede tener un impacto real y positivo en la salud. Lejos de ser un recurso de emergencia o un alimento menor, el pescado azul pequeño se ha convertido en uno de los pilares que más defiende en su divulgación nutricional.