Es noticia
Mapi Herrero, nutricionista infantil: "Que un niño no coma siempre tiene una razón, aunque sea emocional y sea una llamada de atención"
  1. Alma, Corazón, Vida
LO DICE UNA EXPERTA

Mapi Herrero, nutricionista infantil: "Que un niño no coma siempre tiene una razón, aunque sea emocional y sea una llamada de atención"

La falta de apetito en la infancia suele esconder mucho más que una simple manía con la comida y puede ser una señal de cómo se siente un niño dentro de su entorno familiar, emocional y social

Foto: (Fuente: YouTube)
(Fuente: YouTube)

Que un niño rechace la comida suele activar todas las alarmas en casa. Aparecen las dudas, la culpa y, en muchos casos, el miedo a que exista un problema de salud serio detrás. Sin embargo, la nutricionista infantil Mapi Herrero lanza un mensaje claro y tranquilizador. “Que un niño no coma siempre tiene una razón, aunque esa razón sea emocional y sea una llamada de atención”, asegura. Así lo explica en el pódcast Comiendo con María, donde aborda una de las preocupaciones más frecuentes en la crianza.

Herrero desmonta una idea muy extendida: no todo problema con la alimentación infantil tiene un origen físico, sensorial o neurológico. En muchas ocasiones, lo que se ve en el plato es solo la parte visible de algo más profundo. “Hay veces que la parte visible del problema es que ese peque se ha vuelto selectivo o que el momento de la comida es conflictivo, y el problema ni siquiera es nutricional”, señala. Detrás puede haber dinámicas familiares alteradas, cambios emocionales o necesidades no cubiertas.

Cuando un niño utiliza la comida como herramienta de control o para llamar la atención, la clave no está en insistir más o forzarle a comer. Según la especialista, lo importante es preguntarse qué le está pasando. “Tenemos que analizar por qué necesita dominar o hacer algo diferente al resto de la familia con la comida”, explica. En estos casos, la intervención suele ir más allá de la consulta de nutrición y puede requerir apoyo de psicología infantil o familiar.

Otra de las claves que aporta Herrero es aprender a diferenciar un problema emocional de uno relacionado con el neurodesarrollo. Cuando el origen es neurológico, la alimentación no suele ser el único ámbito afectado. “No solamente tenemos un niño selectivo o un momento de la comida conflictivo, sino que pueden aparecer problemas de relación con compañeros o alteraciones en la actividad física”, detalla. Torpeza motora, caídas frecuentes o, por el contrario, rechazo a los juegos activos pueden ser señales de alerta.

Foto: El doctor Elías Suvalsky (Youtube | Diabetsmart)

Para llegar al origen real del problema, la nutricionista apuesta por una evaluación profunda y personalizada. Rechaza una visión excesivamente medicalizada y prefiere hablar de la “biografía del paciente” en lugar de historia clínica. La alimentación, tal y como recuerda, no es solo nutrientes: es cultura, familia y vínculo. Por eso, en sus consultas analiza la vida del niño desde incluso antes de nacer.

El embarazo y la etapa previa a la concepción ocupan un lugar destacado en esa biografía. Herrero pregunta siempre cómo fue ese proceso y si fue planificado. “Dependiendo de cómo se produce ese embarazo podemos tener impacto en la conducta infantil después”, afirma. Carencias nutricionales, alteraciones metabólicas o situaciones de estrés en los primeros momentos pueden dejar huella en el desarrollo posterior del niño.

Foto: (Fuente: YouTube)

La consulta, tal y como explica, tiene mucho de trabajo detectivesco. A base de preguntas, se van encontrando hilos que ayudan a entender qué ocurre realmente. Uno de los momentos clave llega cuando pregunta directamente a las madres por su intuición. “Siempre tienen un indicio, da igual que tengan formación sanitaria o no”, comenta.

En el podcast, Herrero recuerda el caso de un niño que decía atragantarse con frecuencia. Todo apuntaba inicialmente a un problema físico, pero al profundizar apareció otra explicación. “La madre me dijo: ‘Yo creo que es una llamada de atención’”, relata. El pequeño había encontrado en la comida una forma de definirse dentro de una dinámica familiar en la que no terminaba de encajar.

Que un niño rechace la comida suele activar todas las alarmas en casa. Aparecen las dudas, la culpa y, en muchos casos, el miedo a que exista un problema de salud serio detrás. Sin embargo, la nutricionista infantil Mapi Herrero lanza un mensaje claro y tranquilizador. “Que un niño no coma siempre tiene una razón, aunque esa razón sea emocional y sea una llamada de atención”, asegura. Así lo explica en el pódcast Comiendo con María, donde aborda una de las preocupaciones más frecuentes en la crianza.

Salud
El redactor recomienda