Viajar es sinónimo de enriquecimiento personal. Desplazarnos fuera de nuestras fronteras supone entender que el mundo no funciona de la misma manera que en el interior de las mismas. Sin embargo, podemos descubrir nuevos aspectos culturales y estilos de vida que acaben casando fuertemente con nuestra personalidad, decidiendo en muchos casos elegir esa tierra como nuestro nuevo hogar.
Durante el proceso de adaptación al nuevo país de residencia, podremos experimentar los conocidos como choques culturales. Se trata de una sensación abrupta que nos sucede cuando las costumbres de un lugar impactan frontalmente con nuestro modo de vivir, el cual es heredado de la tierra donde hemos crecido.
Este fenómeno es especialmente común, siendo una prueba de ello los miles de publicaciones en redes sociales al respecto. Encontramos un ejemplo muy representativo en Laura Alcaraz, una española que se encuentra viviendo en Japón y que comenta algunas de las diferencias más sustanciales con respecto a España. “No importa que hagas, jamás cruces la calle en rojo”, declara la usuaria en su vídeo de TikTok.
Normas sociales y costumbres
Este gesto tan común en nuestro país es una acción muy mal vista a nivel social en el país nipón. De hecho, está considerada como un delito, ya que la mujer declara que le impusieron una multa de 5.000 euros por haberla efectuado sin conocer las reglas. Pero las particularidades japonesas no terminan ahí.
“Algo muy importante. No des propina. No existe esa cultura en Japón y, de hecho, una vez lo hice por error y literalmente me persiguieron por la calle pensando que se me había olvidado el dinero. En Japón, los trabajadores ganan sueldos justos, así que no necesitan propinas”, cuenta la española desde su propia experiencia.
Desde la obsesión entre las jóvenes femeninas con la belleza, hasta lo extendido que está el consumo de té en el país, son pequeños gestos que pueden hacer arquear una ceja a más de uno si se decide a mudarse a Japón. No obstante, se trata de una nación con muchas virtudes a nivel social que pueden cautivar a más de uno.
Viajar es sinónimo de enriquecimiento personal. Desplazarnos fuera de nuestras fronteras supone entender que el mundo no funciona de la misma manera que en el interior de las mismas. Sin embargo, podemos descubrir nuevos aspectos culturales y estilos de vida que acaben casando fuertemente con nuestra personalidad, decidiendo en muchos casos elegir esa tierra como nuestro nuevo hogar.