La oncóloga Ana Lluch, una de las figuras más respetadas en la investigación y tratamiento del cáncer de mama en España, lleva casi medio siglo acompañando a mujeres que atraviesan uno de los momentos más difíciles de su vida. Su trayectoria es enorme, pero su forma de comunicar sigue siendo cercana, pedagógica y cargada de esperanza. “El conocimiento es lo que hace perder el miedo”, repite a sus pacientes.
Durante su participación en el pódcast Tus amigas, las hormonas con Isabel Viña, la especialista recordó cuánto ha cambiado el abordaje de la enfermedad desde que empezó a ejercer. Si hace cuarenta años la curación rondaba el 60%, hoy supera el 80%, un salto que permite afrontar un diagnóstico con una perspectiva completamente distinta. “Poder decirle a una mujer que tiene toda una vida por delante es algo enorme”, afirmó.
Lluch explicó que el orden de los tratamientos —si va primero la cirugía, la quimioterapia o la inmunoterapia— depende de la biología concreta del tumor y de lo que mejor aumente las probabilidades de curación. Ya no se decide por tamaño ni por apariencia, sino por cómo se comportan las células. Por eso algunas pacientes reciben medicación antes de operarse: permite reducir la lesión, medir la respuesta y reforzar la estrategia para conseguir mejores resultados.
Esa información, añade, también da seguridad. “Cada ciclo permite ver si el tratamiento está funcionando y eso da un refuerzo emocional muy potente”, señaló. La comunicación es, para ella, parte del tratamiento: mirar a los ojos, explicar cada paso y ofrecer una hoja de ruta clara ayuda a reducir el miedo y la incertidumbre.
La hormonoterapia, eficaz pero con efectos que se deben anticipar
Tras las primeras fases del tratamiento llega uno de los capítulos más largos: la terapia hormonal, que puede durar varios años. La elección del fármaco depende sobre todo del estado menopáusico de la paciente y del riesgo de que los estrógenos favorezcan la reaparición de células tumorales.
Pero ese bloqueo hormonal tiene consecuencias. Los sofocos, los cambios de humor y la sensación de menopausia repentina son muy frecuentes, y Lluch insiste en explicarlo sin rodeos: “Los tratamientos hormonales no son agua bendita”. La clave, dice, es anticipar lo que va a ocurrir y acompañar a la mujer durante todo el proceso.
La esperanza está en camino: en Estados Unidos ya se utilizan tratamientos específicos para combatir los sofocos sin hormonas, dirigidos a proteínas relacionadas con la regulación de la temperatura. En España todavía no están aprobados, aunque hospitales como el suyo los están probando en ensayos clínicos. “Cuando lo tengamos disponible, vendré a contarlo”, prometió.
Lluch habla con la misma claridad de la parte emocional. La caída del pelo, el miedo por los hijos, la incertidumbre y los cambios físicos generan un impacto profundo. Por eso anima a sus pacientes a mantener rutinas, arreglarse, seguir activas siempre que puedan y pedir ayuda cuando la necesiten. Mantener la vida cotidiana, explica, mejora el ánimo y la calidad de vida durante el proceso.
La especialista también observa un fenómeno difícil: las rupturas de pareja durante el diagnóstico y el tratamiento. Muchas mujeres, afirma, necesitan apoyo emocional para transitar esta etapa, tanto como necesitan los fármacos que reciben.
La oncóloga defiende con firmeza la importancia del screening. En la Comunidad Valenciana, por ejemplo, las mamografías comienzan a los 45 años y se repiten cada dos años hasta los 70. Detectar lesiones pequeñas puede cambiar por completo el pronóstico.
La oncóloga Ana Lluch, una de las figuras más respetadas en la investigación y tratamiento del cáncer de mama en España, lleva casi medio siglo acompañando a mujeres que atraviesan uno de los momentos más difíciles de su vida. Su trayectoria es enorme, pero su forma de comunicar sigue siendo cercana, pedagógica y cargada de esperanza. “El conocimiento es lo que hace perder el miedo”, repite a sus pacientes.