Alejandro Martínez, psiquiatra: “El problema es pretender vivir como si no tuviéramos límites”
La inmediatez y el desenfreno que definen el ritmo de vida actual está haciendo mella considerablemente en la mente de la sociedad, careciendo de momentos de calma para recomponerse.
Alejandro Martínez, psiquiatra, sobre el ritmo de vida actual y sus efectos en la salud mental. (TikTok/@alejandropsiquia)
La sociedad actual vive asolada por un ritmo de vida veloz y desenfrenado. Los estímulos rápidos reinan en cada rincón y la inmediatez con la que se espera recibir cualquier bien o servicio es la norma que parece imperar en el presente. Y es que las consecuencias de esta realidad no solo se reflejan en el ámbito social. También están dejando brechas en la salud mental de la ciudadanía.
El estrés, la ansiedady la depresión son elementos que se han acentuado considerablemente en los últimos años, fruto en parte de un ritmo vital que no podemos seguir. Es por ello que cada vez se valoran más los momentos de calma y tranquilidad, aunque en entornos como las grandes ciudades sean complejos de encontrar.
Es por ello que numerosos usuarios tratan de encontrar soluciones en la divulgación de profesionales sanitarios, motivados por la búsqueda de una paz mental que no termina de llegar. Un ejemplo de ello es el psiquiatra Alejandro Fernández, el cual ha apuntado a una de las raíces principales de este problema que está tan extendido. “Quizá el problema no seas tú. Quizá el problema es pretender vivir como si nos tuviéramos límites”, declara en su publicación en TikTok.
Pisar el freno por nuestra salud mental
El experto enumera varios comportamientos e ideas que, si bien este modo de vida frenético trata de tapar y ocultar, en realidad son completamente normales como seres humanos que somos. Desde quedarnos en casa para descansar, pasando perdernos la última tendencia entre la población, hasta llorar sin ningún motivo aparente. Estar expuestos a esa ansiedad constante es sinónimo de nuestra perdición a nivel psicológico.
Nadie nos explicó que este ritmo no es humano. Que el cerebro no está diseñado para vivir con diez pestañas abiertas, veinte preocupaciones simultáneas y la sensación permanente de que algo importante se nos está escapando. Y aun así, seguimos empujándonos un poco más. Un compromiso más. Un mensaje más. Un "puedo con todo" que suena valiente por fuera, pero por dentro empieza a romper. Quizá el problema no seas tú. Quizá el problema es pretender vivir como si no tuviéramos límites. Este libro nace justo ahi. En ese punto en el que la ansiedad deja de ser una palabra y se convierte en una compañera incómoda del día a día. En el momento en el que te das cuenta de que así no quieres seguir, pero tampoco sabes muy bien cómo bajar el ritmo sin que todo se desmorone. Si al leer estas líneas has sentido que hablaban un poco de ti... si notas que la ansiedad te pesa, te acelera o te agota más de lo que te gustaría admitir, quizá este sea un buen momento para empezar a hacer algo distinto. No para llegar a todo. Sino para llegar a ti. Si quieres dar ese primer paso, te espero en el libro ya disponible en Amazon. Ahí empezamos el camino.
“Nadie nos explicó que este ritmo no es humano. Que el cerebro no está diseñado para vivir con diez pestañas abiertas, veinte preocupaciones simultáneas y la sensación permanente de que algo importante se nos está escapando. Y, aun así, seguimos empujándonos un poco más.”, escribía el psiquiatra en la descripción del vídeo.
Ante este escenario tan desolador, los espacios de desconexión e introspección son un auténtico oasis en todo un desierto de ansiedades, inmediatez y descontento generalizado. Como individuos, debemos comenzar a priorizar la integridad de nuestra salud mental si queremos gozar de una sensación de bienestar plena en nuestra vida cotidiana.
La sociedad actual vive asolada por un ritmo de vida veloz y desenfrenado. Los estímulos rápidos reinan en cada rincón y la inmediatez con la que se espera recibir cualquier bien o servicio es la norma que parece imperar en el presente. Y es que las consecuencias de esta realidad no solo se reflejan en el ámbito social. También están dejando brechas en la salud mental de la ciudadanía.