José Manuel Felices, médico, sobre la mayor amenaza para la salud: "Te pone en riesgo de muerte y podría dejar inútil tu cerebro"
Cada minuto cuenta cuando el cerebro deja de recibir sangre: puede costar la vida o la autonomía. Saber reconocer una boca torcida o un brazo débil permite llamar a emergencias sin perder tiempo
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Cada minuto cuenta cuando algo interrumpe el riego del cerebro: puede costar la vida o dejar secuelas graves para siempre. Aun así, mucha gente solo piensa en prevenir el infarto y pasa por alto señales clarísimas que permiten reaccionar a tiempo. Tenerlas presentes es clave porque, ante una urgencia cerebral, entender lo que está pasando y pedir ayuda rápida puede ser la clave entre recuperarse o quedar marcado para siempre con una discapacidad.
Ese enemigo tiene nombre: ictus. No es un problema raro ni lejano, sino una de las mayores amenazas de la salud pública en España. La Sociedad Española de Neurología lo sitúa entre las principales causas de muerte y discapacidad, con 90.000 nuevos casos al año y más de 23.000 fallecimientos. Lo más inquietante es que solo un 50% de la población sabe reconocer sus síntomas, así que demasiadas veces se pierde el tiempo más valioso.
Por eso, los médicos insisten en dos señales típicas y fáciles de comprobar y, ante esos signos, hay que llamar a emergencias sin dudar. La primera es la cara: si la boca se tuerce hacia un lado o la persona no puede moverla bien, hay que sospechar. Tal y como explica el doctor José Manuel Felices, “fíjate en su cara, especialmente en su boca, si se tuerce hacia un lado y no puede moverla. Si lo ves, pídele a la persona que enseñe los dientes y cierre los ojos y, si no puede: alerta”. La segunda es el brazo: si pierde fuerza o no puede levantarlo o agarrar algo sencillo, también es señal de peligro. En palabras literales del texto: “Tiene dificultades para mover el brazo, no puede coger el guante. Pídele a la persona que coja un objeto sencillo y si no puede: alerta”. Con cualquiera de las dos, la recomendación es actuar rápido y pedir ayuda profesional.
Los riesgos de ignorar el ictus, según José Manuel Felices
El doctor Felices insiste en que el ictus es un enemigo más serio de lo que se suele creer porque, a diferencia de otras patologías, no solo amenaza la vida sino la identidad misma de quien lo sufre. Lo expresa así: “Todos piensan en evitar el infarto, pero no el ictus, que no solo te pone a riesgo de morir, sino que podría dejar inútil tu cerebro, dejándote sin habla, sin movimiento e incluso sin ser tú.” La frase resume el gran problema: el impacto neurológico puede traducirse en discapacidad permanente.
@doctorfelices ? ¿La mayor amenaza para tu salud que nadie te está contando? Un problema que no solo puede quitarte la vida, sino también tu voz, tu movimiento… incluso quién eres. ? Aprender a prevenirlo es un acto de amor hacia tu corazón y tu cerebro. Quiérete. Nada es tan urgente como tú. ❤️ #estréscrónico #salud #medicina #prevención #saludmental ♬ sonido original - Doctor Felices
Para Felices, el riesgo no aparece de golpe: suele crecer durante años con factores que mucha gente no vigila del todo. Subraya que el punto central es la presión arterial y deja claro dónde está el fallo habitual: “Lo más importante es controlar tu tensión arterialy hay algo que no estás haciendo. Estás alerta con el tabaco, el alcohol, la nutrición y el sedentarismo, pero te falta controlar tu estrés crónico que aumenta tu tensión arterial de manera silenciosa.” Su aviso enlaza con la realidad del ictus: es una urgencia que estalla en minutos, pero se gesta a fuego lento.
El cierre de su mensaje va directo al terreno práctico: entender el riesgo es importante, pero todavía lo es más cambiar hábitos antes de que pase algo grave. Por eso remata con esta declaración literal: “Aprender a controlarlo es el mejor aprendizaje que puedes hacer por tu corazón y por tu cerebro. Quiérete, nada es tan urgente como tú.” La idea es sencilla y poderosa: cuidar la tensión y bajar el estrés crónico no es solo bienestar, es prevención real frente al ictus. Y si aun así aparece una señal, reconocerla rápido puede ser la diferencia entre recuperarse o convivir con secuelas.
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Cada minuto cuenta cuando algo interrumpe el riego del cerebro: puede costar la vida o dejar secuelas graves para siempre. Aun así, mucha gente solo piensa en prevenir el infarto y pasa por alto señales clarísimas que permiten reaccionar a tiempo. Tenerlas presentes es clave porque, ante una urgencia cerebral, entender lo que está pasando y pedir ayuda rápida puede ser la clave entre recuperarse o quedar marcado para siempre con una discapacidad.