Es noticia
El bandido más famoso de Andalucía, un desconocido
  1. Alma, Corazón, Vida
Diego Corrientes y no otro

El bandido más famoso de Andalucía, un desconocido

Héroe para el pueblo y delincuente para el poder, Diego Corrientes convirtió la miseria del campo andaluz en combustible para la leyenda. Su vida acabó transformándose en un desafío abierto a los terratenientes del siglo XVIII

Foto: Diego Corrientes (Museo del Bandolero)
Diego Corrientes (Museo del Bandolero)

"Lo que me preocupa no es que hayas mentido, sino que, en adelante, no podré creer en ti", Friedrich Nietzsche.

La vida temprana de Diego Corrientes fue un infierno sin infancia. Esperando peonadas en la fuente del pueblo, las manos encallecidas, el rostro de un chaval curtido, las ilusiones dormidas por mil soles día tras día, y más tarde, una mujer, un hijo y otro, entrante. Los ingresos solo daban para vivir la miseria con un trozo de pan, alguna patata despistada y un trozo de tocino al día. Sopas de ajo por la noche, y al día siguiente, más de lo mismo. Los festivos —los domingos—, leche de cabra para festejar aquel ciclo sin fin de esclavitud a cielo abierto; una sumisión a la realidad ad eternum.

Su legado como bandolero heroico superaba con creces al del inglés Robin Hood, un icono muy sobado por el cine de Hollywood. España se ha vendido siempre muy mal, y eso que tenemos suerte porque nuestro prestigio es un reclamo internacional. Para Diego Corrientes, la realidad le fue revelada con toda su crueldad tras padecer jornadas extenuantes de sol a sol. Sabía que esa sería su vida y la de sus hijos y la de sus herederos de por vida. Al final de una elemental reflexión, decidió dedicarse a levantar los bienes de los estirados terratenientes y redistribuirlos entre la gente descalza. Andalucía desde tiempos centenarios ha sido pasto de injusticias sin cuento, infligidas a un pueblo con un sentido muy estoico, y sí, siempre con alegría.

Las flagrantes injusticias sobre los aparceros y jornaleros por parte de una aristocracia poco dada a consideraciones, inmortalizaron a este trabucaire hasta impulsarlo a lo más alto del universo bandolero. Sus actuaciones se sustentaban con el incondicional apoyo de las pequeñas comunidades serranas, que veían en la figura de este héroe del pueblo la encarnación y venganza a sus desgracias. Las normas sociales de la época, estaban hechas a la medida de los que las diseñaban para no subvertir el orden establecido. Diego debió de pensar que sería mejor vivir de pie que morir arrodillado. Y de esta guisa, en una tierra donde los analfabetos eran legión, se convirtió en un Dios vengador.

Natural de Utrera (Sevilla), se especializó como cuatrero y muy cualificado. El marquesado y la alta aristocracia de la zona estaba extremadamente preocupado con el estajanovismo de este teórico mangante y levitador, adorado por el pueblo. Su banda de incondicionales, sumaba desde estudiantes hasta aparceros, algún cura con la mente dividida y un posadero en quiebra por impagos. Visitaban las fincas acomodadas así, como quien va a una excursión campestre a hacer un pícnic y, de paso, movían de lugar lo sustraído con una destreza digna de encomio. El cabreo de los que vivían en el oropel y la comodidad, iba subiendo de temperatura.

Mientras tanto, este bandido romántico con amplia literatura difundida a lo largo de los años, y habitante en la memoria de las gentes oprimidas, seguía haciendo de las suyas con su troupe que ya sumaba una docena de devotos. Bandidos con tablas sobradas tras años de travesuras recorrían los abruptos terrenos de la Sierra de Grazalema, Picos de Aroche y la Serranía de Aracena que actuaban a su vez como vasos comunicantes con la frontera portuguesa; allá, donde habitan nuestros hermanos lusos, vendían la mercancía incautada a los poderosos. Sus audaces hazañas desafiaban al poder local a la par que lo convertían en leyenda. La élite estaba muy cabreada con el brazo telescópico del truhan.

Foto: portugal-el-simpatico-y-calavera-godoy-y-la-guerra-de-las-naranjas

Pero era muy joven y la osadía tiene unos límites. Aquel dicho latino de Virgilio en la Eneida que rezaba así: "Fortuna iuvat audaces", tenía el termostato a punto de estallar. Entre olivares, alcornoques, dehesas, cuevas en la sierra habilitadas con agua, vino y condumio, protegidas con un buen camuflaje de emparrado; sus trapisondas se atenuaban ligeramente en invierno. Pero cuando llegaba la primavera, volvían a la carga esta patulea de desheredados. Las milicias lo sabían y esto, era un patrón recurrente. Entonces, comenzó la parte fea de esta historia romántica.

Diego Corrientes tenía claro que su vida iba a ser breve, nunca lo dudó. El poder tiene recursos ilimitados. Mientras duró obtuvo el apoyo de la mísera población rural que lo protegía en cuerpo y alma. El respaldo de las gentes de alpargata era su virtud y una prueba de reconocimiento. Su generosidad proverbial quedó marcada en el corazón de aquellos que solo existían sin vivir. El que necesitaba un par de burros para arar o transportar, los obtenía. En una ocasión le llevó un pequeño telar a una hilandera, en otra, una reata de cabras a un soldado mutilado. Él era así, una especie de delegado mesiánico. Pero este héroe popular tenía los días contados. Corría el año del Señor que todo lo ve, pero nunca interviene. Entonces, en 1781, en la frontera con Portugal, en la parte lusa, en Olivenza, una ciudad anexionada por España tras la Guerra de las Naranjas en 1801; un cabrero descubrió el escondite de Diego Corrientes y sus pupilos y, raudo y veloz se chivó a la gendarmería local. Era el principio del fin.

Su cabeza acabó exhibida en lo alto de una pica en Utrera para mayor humillación y escarnio ante sus incondicionales

Ejecutado por ahorcamiento, su cuerpo fue descoyuntado y sus miembros esparcidos aleatoriamente. Su cabeza acabó exhibida en lo alto de una pica en Utrera para mayor humillación y escarnio ante sus incondicionales que, lo habían convertido en un mito, un mito que sigue vivo. Incansable luchador contra las flagrantes y arbitrarias injusticias de las que era objeto el pueblo andaluz, su herencia condujo hasta la memoria colectiva un mensaje romántico de sus hazañas ¿delictivas?...

A veces el hastío ante los abusos nos conduce a tomar decisiones extremas.

"Lo que me preocupa no es que hayas mentido, sino que, en adelante, no podré creer en ti", Friedrich Nietzsche.

Historia de España
El redactor recomienda