El año en el que decides no cambiar: cuando tus propósitos de Año Nuevo son que todo siga igual
Enero vuelve a imponer propósitos y 'vision boards', pero no todo el mundo quiere empezar el año cambiando. Renunciar a marcarse objetivos también puede ser una decisión saludable, según explican dos psicólogas
Cada año cuando llega el primer día de enero, una vez pasada la resaca por la fiesta de Nochevieja, las redes sociales se llenan de vídeos y recopilatorios de imágenes en los que —sobre todo— influencers comparten sus propósitos de cara al nuevo año; aquellas metas que quieren haber cruzado antes de que haya finalizado, en este caso, el 2026.
En estas listas de propósitos, algunos se repiten una y otra vez. Los más populares suelen ser: hacer más deporte, viajar a algún lugar remoto o leer más. No obstante, además de estos listados, en los últimos años han cogido fuerza también los vision boards, que son mucho más aesthetics y, por tanto, quedan mejor en una publicación de Instagram. El vision board es un collage de imágenes, palabras, frases... que representan las aspiraciones y objetivos de una persona; y se hacen para visualizarlos y manifestar.
Enero es, sin duda, el mes de los vision boards y las listas de propósitos; sin embargo, hay quienes se resisten a ellos y solamente tienen un objetivo de inicio de año: que nada cambie. Así es, para estas personas ni siquiera el inicio de un nuevo año es el momento de cambiar.
"El no tener propósitos puede venir dado por diferentes motivos, y todos son válidos. Por un lado, puede significar una conexión realista con el momento vital. En consulta vemos a diario personas que atraviesan momentos vitales complicados, que pueden ver sus necesidades básicas corrompidas, duelos complicados, momentos de alto estrés…; en los que es impensable que se priorice una autorrealización a la atención de las necesidades básicas y de protección y seguridad. Por otro lado, puede ser que tras años de exigencia o cambios constantes, prioricen el sostenerse y fluir con sus herramientas ante las situaciones del nuevo año", explica a El Confidencial Apolonia Puigserver, psicóloga sanitaria.
"No tener propósitos puede ser una señal de satisfacción y equilibrio"
Judit Merayo, psicóloga sanitaria y educadora social, añade que "no tener propósitos puede ser una señal de satisfacción y equilibrio. Que la persona se siente segura, en paz y satisfecha con su vida. Ha alcanzado un estado de homeostasis emocional, y no siente la necesidad de marcarse metas porque está disfrutando de lo que ya ha conseguido. Pero también puede estar relacionado con el miedo, la evitación o la apatía. La persona puede evitar fijarse metas por temor al fracaso, por ansiedad o incluso por un estado depresivo".
No tener nuevos propósitos está bien
Sentir la presión social de elaborar una lista de propósitos es normal porque no solo, como indica Judit, "vivimos en un entorno donde los cambios y las metas se celebran como indicadores de progreso"; sino que además existe, según Apolonia, "una comparación continua en las redes sociales y podemos ver a través de la pantalla el persistente mensaje social de ser una versión mejorada de nosotros mismos, generando la idea de que no ponerse en modo lucha para conseguir los objetivos para esa nueva versión equivale a estancarse".
Es por eso que resistirse a confeccionar ese listado es casi revolucionario y ambas psicólogas insisten en que está bien empezar el año sin propósitos. "No todas las personas necesitan marcarse objetivos al iniciar el año y, a veces, priorizar cuidar lo que ya existe puede ser más saludable que forzarse a cambiar. Mantener la estabilidad, respetar el propio ritmo o simplemente disfrutar de lo que ya se ha construido también es una forma de bienestar", asegura Merayo.
"Reconocer lo que funciona, valorar los logros alcanzados y aprender a sostenerlos es tan importante como plantearse metas nuevas"
Es más, incide en que "el bienestar no siempre se mide por la mejora constante. Reconocer lo que funciona, valorar los logros alcanzados y aprender a sostenerlos es tan importante como plantearse metas nuevas. Lo relevante es que la decisión de ponerse —o no— propósitos surja desde la propia necesidad y no desde la presión externa, de manera que el inicio del año sea un momento de reflexión y cuidado, no de autoexigencia".
Otra cuestión que se debe tener en cuenta, según las psicólogas, a la hora de pensar en los propósitos es que las prioridades durante el año pueden cambiar. "Lo que era importante para ti en enero, cuando se establecen los propósitos, igual no se siente igual de prioritario en otro momento del año por las circunstancias que puedan aparecer. Durante el año podemos pasar por una serie de dificultades que pueden marcar nuestro ritmo a la hora de vivir, por eso, resulta fundamental poder mirarnos con mayor compasión y comprensión frente a estos cambios", sostiene Puigserver.
El drama de no cumplir los objetivos
Cuando no consigues lo que te propones, es normal sentir que has fracasado; y eso es lo que sucede cuando llega diciembre y aquellas personas que, por ejemplo, se propusieron en enero tener una vida más activa, no han conseguido elevar su media de 5.000 pasos diarios.
Esta sensación de fracaso personal, según Apolonia, "alimenta la autoexigencia, la culpa y la decepción con la trayectoria del año y con uno mismo, sin tener en cuenta otros aspectos. Cuando evaluamos el año únicamente en función de lo que no hemos cumplido, no tenemos en cuenta otros contextos que interactúan con la persona: qué he estado atravesando durante el año, cómo he estado emocionalmente, qué dificultades he vivido, a qué cosas he hecho frente, qué he conseguido…".
Ante esta sensación de decepción, para esta psicóloga es importante "diferenciar y tener claro qué está bajo tu control y qué queda fuera de tu alcance. Durante el año, suceden motivos que no están bajo nuestro control que pueden afectar el alcance de las metas propuestas. Ser consciente de ello puede ayudar a regular nuestras creencias y, por ende, nuestras emociones". Como también lo es para Judit "cambiar el lenguaje interno" para sostener la decisión de no empezar el año con una lista de propósitos. Y, por tanto, en lugar de "no tengo propósitos", decir "mi propósito es consolidar y cuidar lo que ya he logrado".
"Reconocer y valorar lo que ya funciona permite vivir el presente con satisfacción y autocompasión, y entender que no todo propósito implica transformación", concluye Merayo. A veces, el mayor propósito, insiste, puede ser "consolidar y cuidar lo que ya he logrado".
Cada año cuando llega el primer día de enero, una vez pasada la resaca por la fiesta de Nochevieja, las redes sociales se llenan de vídeos y recopilatorios de imágenes en los que —sobre todo— influencers comparten sus propósitos de cara al nuevo año; aquellas metas que quieren haber cruzado antes de que haya finalizado, en este caso, el 2026.