Las relaciones de pareja no siempre se construyen desde la calma y la seguridad emocional. En muchos casos, los vínculos se forman a partir de carencias, miedos y patrones aprendidos que, lejos de equilibrar la relación, la convierten en un espacio de tensión constante. Uno de los ejemplos más frecuentes es la combinación entre apego ansioso y apego evitativo, una dinámica tan habitual como desgastante.
Sobre este fenómeno ha reflexionado la psicóloga Alejandra de Pedro, quien explica por qué este tipo de relaciones se repiten con tanta frecuencia. “¿Por qué se dan tanto las relaciones entre personas con apego ansioso y apego evitativo? ¿Y por qué se sufre tanto en este tipo de relaciones? Cuando comenzamos una relación es habitual que nos sintamos atraídos hacia aquellos atributos que nosotros mismos no tenemos”, señala, apuntando a una atracción inicial basada en la idealización del otro.
Según detalla la especialista, al comienzo del vínculo cada parte encuentra en la otra aquello que percibe como una fortaleza. “Si yo me considero una persona dependiente porque tengo apego ansioso, puede que me sienta atraída hacia una persona con apego evitativo por su independencia”, explica. De forma paralela, la persona evitativa puede sentirse cómoda con la sensibilidad y la empatía de quien tiene apego ansioso.
El problema aparece cuando la relación se consolida y las necesidades emocionales empiezan a manifestarse. De Pedro recuerda que “las personas con apego ansioso tienen un radar muy sofisticado a la hora de detectar ciertas amenazas”, como señales de distancia o frialdad por parte de la pareja. En ese punto, la persona ansiosa comienza a demandar más presencia y cambios, mientras que la evitativa vive esas peticiones como una presión. “La persona con apego evitativo se siente exigida y esto no le gusta y comienza a alejarse cada vez más”, resume la psicóloga.
Este patrón deriva en lo que la experta describe como un “baile” relacional. “Uno demanda y el otro se retrae”, explica, generando un ciclo en el que cuanto más se distancia una parte, más insistente se vuelve la otra, llegando incluso a conductas dependientes y erráticas. Si la situación se prolonga y no existe una gestión emocional adecuada, el desgaste puede ser profundo. “Si la persona con apego evitativo no sabe cómo gestionar todo ese agobio, puede que empiece a buscar cosas fuera de la relación”, advierte.
Pese al sufrimiento que generan, estas relaciones suelen ser difíciles de romper. La psicóloga explica el motivo: “Son relaciones cargadas de altibajos y de adrenalina”. La inseguridad constante mantiene a ambos miembros emocionalmente activados, lo que refuerza el vínculo. No obstante, Alejandra de Pedro aclara que esta combinación no es necesariamente incompatible. “La relación va a ser mucho más sana si ambos miembros son capaces de reconocer el papel que juegan en este baile”, concluye.
Las relaciones de pareja no siempre se construyen desde la calma y la seguridad emocional. En muchos casos, los vínculos se forman a partir de carencias, miedos y patrones aprendidos que, lejos de equilibrar la relación, la convierten en un espacio de tensión constante. Uno de los ejemplos más frecuentes es la combinación entre apego ansioso y apego evitativo, una dinámica tan habitual como desgastante.