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Daniel Esteban, psicólogo: "La autoexigencia no aparece porque sí, se aprende"
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Daniel Esteban, psicólogo: "La autoexigencia no aparece porque sí, se aprende"

La autoexigencia se ha convertido en una compañera silenciosa, hasta el punto de normalizar el cansancio, la culpa por parar o la sensación de no llegar a todo. El psicólogo pone el foco en este patrón y explica por qué exigirse sin medida no es innato

Foto: Daniel Esteban en su vídeo de TikTok (@psico.daniem)
Daniel Esteban en su vídeo de TikTok (@psico.daniem)

La autoexigencia suele presentarse como un rasgo de personalidad del que muchas personas presumen o se culpan a partes iguales. Sin embargo, no nace de la nada ni es un defecto individual, sino una conducta aprendida. Así lo explica el psicólogo Daniel Esteban en un vídeo que se ha difundido en redes y que ha generado un amplio debate sobre los límites entre el esfuerzo sano y la presión constante.

Según el especialista, la idea de que alguien es autoexigente “porque es así” no suele sostenerse cuando se analiza el origen de esa conducta. La autoexigencia se aprende en contextos donde hacerlo bien era la forma de obtener algo esencial, como atención, reconocimiento o afecto, o de evitar consecuencias negativas. “Aprendemos que si me esfuerzo más, si no fallo o si no paro, me quieren, no molesto y no decepciono”, señala Esteban.

Durante una etapa de la vida, esta estrategia cumple su función. La autoexigencia empuja a rendir, a cumplir expectativas y a no bajar la guardia, algo que puede traducirse en logros académicos, profesionales o personales. El problema aparece cuando ese mecanismo se mantiene sin límites y se convierte en la única forma de relacionarse con uno mismo.

El coste psicológico, advierte el psicólogo, suele ser elevado. Cansancio crónico, ansiedad, culpa por descansar y una sensación persistente de no ser suficiente son algunas de las consecuencias más habituales. “Funciona durante un tiempo, pero el precio que se paga es alto”, apunta, subrayando que muchas personas viven atrapadas en una exigencia que ya no les protege, sino que les desgasta.

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Lejos de demonizarla, Daniel Esteban propone cambiar la mirada sobre la autoexigencia. “No es tu enemiga, es una estrategia que en algún momento te funcionó”, explica. El verdadero problema, añade, no es tenerla, sino no saber cuándo dejar de usarla y aprender a activar otros recursos más amables y sostenibles.

El mensaje conecta con una preocupación cada vez más presente en la psicología actual: aprender a diferenciar el esfuerzo saludable de la presión constante y entender que cuidarse no es rendirse. Reconocer de dónde viene la autoexigencia puede ser el primer paso para soltarla cuando deja de ser útil y empezar a relacionarse con uno mismo desde un lugar menos duro y más realista.

La autoexigencia suele presentarse como un rasgo de personalidad del que muchas personas presumen o se culpan a partes iguales. Sin embargo, no nace de la nada ni es un defecto individual, sino una conducta aprendida. Así lo explica el psicólogo Daniel Esteban en un vídeo que se ha difundido en redes y que ha generado un amplio debate sobre los límites entre el esfuerzo sano y la presión constante.

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