La infanta Eulalia, la princesa que escandalizó a la corte española: divorciada, feminista y adelantada a su tiempo
La vida de la infanta Eulalia de Borbón, marcada por su rebeldía, varios exilios y críticas a la monarquía, revela a una mujer adelantada a su época que desafió normas, escandalizó a la corte y defendió la emancipación femenina
Retrato oficial de la Infanta Eulalia de Borbón y Borbón.
Las biografías más agitadas de la realeza española guardan capítulos que aún hoy parecen escritos para desafiar cualquier norma. Pocas figuras encajan tan bien en ese molde como la infanta Eulalia de Borbón, protagonista de escándalos, rupturas familiares y decisiones que cuestionaron los cimientos mismos de la monarquía. Su nombre sigue siendo símbolo de rebeldía, emancipación y pensamiento crítico en una corte que vivía anclada en el antiguo protocolo.
Sus primeros años transcurrieron entre el exilio, la incomodidad familiar y una educación que la alejó del férreo ambiente madrileño. A diferencia de otras infantas de su época, creció rodeada de profesores privados que la enseñaban lenguas extranjeras en un París abierto a las nuevas ideas. Ese entorno abonó ese carácter que la acompañaría siempre: inconformista, analítico y dispuesto a romper moldes, incluso a costa de provocar auténticos terremotos en Palacio.
La herencia de su madre, Isabel II, y la tensión política que rodeaba a la dinastía le hicieron vivir una infancia marcada por conspiraciones, recelos y expectativas que ella nunca asumió como propias. Lejos de plegarse a las imposiciones, transformó cada conflicto en una forma de reafirmación personal. Y esa manera de vivir la convertiría, con el paso del tiempo, en la primera feminista de los Borbones, como la han definido muchos historiadores.
Un inicio turbulento para una infanta inesperada
María Eulalia Francisca de Asís Margarita Roberta Isabel Francisca de Paula Cristina María de la Piedad de Borbón y Borbón nació en el Palacio Real de Madrid el 12 de febrero de 1864. Si algo se sabe con certeza absoluta es que su verdadero progenitor no fue el rey consorte Francisco de Asís. Lo mismo que sus hermanas Pilar (1861-1879) y Paz (1862-1946), Eulalia vino al mundo en el intervalo de tiempo en que Miguel Tenorio de Castilla fue secretario particular de la reina y amante suyo. Su nacimiento fue recibido sin entusiasmo por quienes esperaban un varón que reforzara la continuidad de la dinastía que ya recaía en su hermano Alfonso (1857-1885). Ese desencanto inicial anticipó el papel incómodo que ocuparía dentro de la familia.
Eulalia de Borbón en dos fotografías de su juventud.
La revolución de 1868 obligó a los Borbones a instalarse en París, donde las tensiones entre Isabel II y Francisco de Asís desembocaron en una separación que marcaría a toda la familia. El exilio fue, paradójicamente, el periodo más feliz de su niñez. Estudió en el colegio del Sagrado Corazón y adquirió undominio excepcional del francés, el inglés, el alemán y el italiano. Aquella formación cosmopolita contrastaba con la rígida disciplina que la aguardaba en España tras larestauración monárquica de 1874, cuando su hermano Alfonso XII la reclamó para devolver orden y prestigio a la Corona.
De izda. a dcha: Paz, Pilar y Eulalia.
La infanta Isabel, “la Chata” (1851-1931), asumió la educación de sus hermanas menores, imponiéndoles normas estrictas que chocaron frontalmente con la personalidad libre de Eulalia. Mientras Pilar y Paz acataban las reglas sin discutir, ella manifestaba sin pudor su descontento ante un entorno que consideraba asfixiante. Esa tensión marcó su entrada en la vida adulta y preparó el terreno para decisiones que resultarían explosivas en una corte de lo más conservadora.
El matrimonio que nunca quiso
Los enfrentamientos familiares se intensificaron cuando se decidió su matrimonio con Antonio de Orleans, hijo de los duques de Montpensier. De todos es sabido, que el duque (casado con la infanta Luisa Fernanda) era enemigo acérrimo de Isabel II. El enlace, celebrado el 6 de marzo de 1886 tras varios aplazamientos por “indisposiciones” de la novia, respondía más a una estrategia dinástica que a un deseo personal. Eulalia nunca lo ocultó: no quería casarse con él. Ni siquiera pronunció el “sí, quiero”, un gesto que evidencia hasta qué punto rechazaba la alianza.
Eulalia y su marido, Antonio de Orleáns y sus hijos de pequeños.
El matrimonio comenzó a deteriorarse desde el principio, aunque tuvieron tres hijos muy seguidos: Alfonso (1886-1975), Luis Fernando (1888-1945) y Roberta (1890), que nació muerta por asfixia. Antonio llevaba una vida disipada, gastaba fortunas en fiestas y mantenía relaciones con varias mujeres, entre ellas Carmela Giménez-Flórez, su amante más conocida. La propia infanta relataría años después cómo su marido había derrochado cantidades inmensas del patrimonio familiar, algo que añadiómás tensión a una relación ya de por sí frágil.
La infanta Eulalia con sus hijos Alfonso y Luis Fernando.
Mientras Antonio continuaba con su vida de excesos, Eulalia encontraba refugio en viajes por Europa y en la compañía de amigos que la alejaban del ambiente opresivo de Madrid. A finales de la década de 1890 inició una relación con Georges Jametel, un comerciante ennoblecido que se convirtió en su confidente. Ese vínculo, seguido de un aborto clandestino del que se informó a la reina María Cristina, agravó el conflicto matrimonial y aceleró la ruptura definitiva.
Del escándalo privado al desafío político
La separación se formalizó el 31 de mayo de 1900, lo que supuso un auténtico escándalo en la corte madrileña, aunque todo el mundo sabía que tanto don Antonio como doña Eulalia tenían amantes. Tras años de litigios, la separación se hizo legal en 1911. Eulalia recuperó la gestión de sus bienes y la custodia de sus hijos, convirtiéndose en el primer miembro de la Familia Real española en obtener una separación legal. Este hito fue observado como una amenaza para la estabilidad de la Corona: una infanta separada podía generar un “efecto contagio” entre la aristocracia española.
La infanta Eulalia en dos retratos: uno de corte, más formal, y otro personal.
Pero su vida personal no fue su único foco de conflicto con la Casa Real. Ya en 1893 había protagonizado un choque diplomático al representar a España en la Exposición Universal de Chicago. Durante ese viaje, que duró 80 días e incluyó paradas en Cuba y Puerto Rico, se reunió con miembros de la colonia cubana que simpatizaban con el independentismo, y al desembarcar en La Habana, vestida con los colores rojo, blanco y azul —los de la bandera insurgente— dejó atónito al Gobierno español.
Ese episodio la situó en el centro de la polémica. Al regresar, expresó ideas autonomistas para las colonias, anticipando el estallido que se produciría apenas unos años después. Sus cartas sobre el viaje, publicadas en 1949, mostraban una comprensión profunda de las tensiones existentesy un pensamiento crítico que no encajaba en la línea oficial de la monarquía.
La escritora 'molesta' de exilio prolongado
La publicación en París de Au fil de la vie en 1911 desató otro terremoto. El libro, donde analizaba el atraso cultural español y defendía la emancipación femenina, llegó a Madrid de contrabando y se convirtió en un éxito inmediato. La corte lo calificó de inmoral, subversivo y atentatorio contra la monarquía. Alfonso XIII, alarmado por la repercusión, retiró la asignación a su tía, ordenó que no pisara España y rompió relaciones con ella durante más de una década.
La infanta en su etapa de madurez.
A pesar de ello, la infanta continuó escribiendo. Publicó obras sobre la vida cortesana y sobre el papel social de la mujer, además de unas memorias cuya autoría supervisó, aunque no redactó por completo. Durante la Primera Guerra Mundialtrabajó comoenfermera en París, y su figura ganó simpatías entre sectores liberales y republicanos que veían en ella a una Borbón distinta, capaz de criticar su propia institución.
Los escándalos dentro de su propia familia añadieron más leña al fuego. Su hijo Luis Fernando, homosexual y amante de la vida nocturna, quedó envuelto en asuntos de drogas, fiestas y un caso de homicidio en París en 1924. Alfonso XIII terminó retirándole el título de infante. Mientras tanto, Eulalia intentaba mantenerse al margen de esos episodios que reforzaban su imagen de “infanta rebelde” pero que también la herían profundamente en lo íntimo.
Una figura adelantada a su tiempo
Tras años moviéndose entre cortes europeas, regresó brevemente a España. En 1924 compró una casa en San Sebastián y se trasladó a vivir allí un año después.La proclamación de la Segunda República, el 14 de abril de 1931, le sorprendió en París, por lo que no pudo regresar a su hogar. A lo largo de su vida llegó a ver caer 15 tronos europeos, lo que confirmaba, para muchos historiadores, la agudeza de sus predicciones sobre el futuro de las monarquías. Ella misma, en sus memorias, insinuaba que ciertos sectores monárquicos eran los principales responsables del desgaste de la institución.
Funeral de la Infanta Eulalia en San Lorenzo de El Escorial en 1958. (Foto: EFE)
A partir de 1940, ya bajo el paraguas del franquismo, se instaló primero en Madrid, luego en San Sebastián y, a partir de 1950, en su residencia de Irún, Villa Ataulfo, construida con la venta de una propiedad en el barrio de Salamanca madrileño y en donde vivió discretamente junto a su hijo Alfonsoy su mujer, Beatriz de Sajonia-Coburgo. Tanto es así que Franco le permitió regresar y le concedió coche y chófer, un gesto que contrasta con la hostilidad que había sufrido décadas antes. Allí, alejada del ruido político, siguió escribiendo y recibiendo visitas, entre ellas la de un joven Juan Carlos de Borbón.
Tras sufrir varios exilios, vivió sus últimos años en Irún junto a su hijo Alfonso y su nuera Beatriz, y gracias al trato de favor de Franco
Su muerte, acaecida el 8 de marzo de 1958, cuando contaba 96 años, pasó totalmente desapercibida. Su funeral, en el Monasterio de El Escorial, puso fin a la vida de una mujer que había pasado por exilios polítocos, destierros por enfrentamientos familiares y una ruptura matrimonial de lo más sonada, pero también por momentos clave de la historia contemporánea. Dejó tras de sí una obra literaria heterodoxa, una mirada crítica hacia la monarquía y un legado que hoy se reivindica como un ejemplo tempranísimo de emancipación femenina dentro de la realeza europea. Hoy, aquella infanta rebelde sigue siendo recordada por su valentía a la hora de romper con las normas establecidas y por ser una mujer adelantada a su tiempo.
Las biografías más agitadas de la realeza española guardan capítulos que aún hoy parecen escritos para desafiar cualquier norma. Pocas figuras encajan tan bien en ese molde como la infanta Eulalia de Borbón, protagonista de escándalos, rupturas familiares y decisiones que cuestionaron los cimientos mismos de la monarquía. Su nombre sigue siendo símbolo de rebeldía, emancipación y pensamiento crítico en una corte que vivía anclada en el antiguo protocolo.