Por qué regalar (bien) en Navidad puede hacernos más felices que recibir: "Activa circuitos de recompensa"
Regalar en Navidad no es solo una cuestión de tradición o consumo, también tiene un impacto directo en nuestro bienestar emocional. Así lo explica en la entrevista la psicóloga Patricia Lodeiro
La Navidad es mucho más que regalar y recibir, pero también es regalar y recibir. Esta es la época del año en la que niños y mayores escriben sus cartas a los Reyes Magos y Papá Noel con sus mayores deseos.
En esta época de comidas y cenas navideñas en las que se cruzan cientos de conversaciones, a menudo se puede escuchar a alguien decir: "Yo soy más feliz regalando que recibiendo regalos, ver la cara de felicidad de mis seres queridos al descubrirlos me pone contento". Pero, ¿eso puede ocurrir? ¿Te puede hacer feliz regalar a una persona querida?
"A nivel neurobiológico, regalar sí activa circuitos de recompensa similares a otras experiencias gratificantes. Estudios de neuroimagen muestran que las conductas altruistas activan el estriado ventral y la corteza prefrontal medial, áreas vinculadas al placer, la motivación y el refuerzo, las mismas que se activan al comer algo placentero o recibir buenas noticias", responde Patricia Lodeiro, psicóloga y fundadora de CAIP Psicología. E insiste en que "cuando recibimos regalos se activan regiones vinculadas al procesamiento emocional (amígdala) y al sistema de refuerzo, y que el intercambio de regalos promueve la liberación de neurotransmisores de la 'felicidad'".
Además de generar momentos de máxima felicidad, regalar también refuerza el vínculo emocional con la otra persona; sobre todo cuando el presente está pensado y personalizado. "Se ha encontrado que el impacto emocional del regalo depende más de la calidad de la conexión interpersonal que del valor económico, ya que lo que se activa no es solo placer descontextualizado, sino sentido relacional. Desde el punto de vista de quien regala, este tipo de elección activa procesos de empatía (la capacidad de ponerse en el lugar del otro y comprender su mundo interno), lo que incrementa la sensación de conexión y competencia social", explica Lodeiro.
"Un regalo pensado y personalizado genera más bienestar que uno caro, pero impersonal"
La psicóloga asegura que, aunque el objeto en sí sea sencillo, si está pensado y personalizado, puede producir un impacto emocional profundo; mientras que un objeto costoso, pero genérico puede generar satisfacción momentánea, pero no necesariamente fortalece el vínculo entre las dos personas, ni produce el mismo nivel de resonancia emocional. Por tanto, según Lodeiro, "un regalo pensado y personalizado genera más bienestar que uno caro, pero impersonal, porque comunica comprensión psicológica del otro, algo central para la experiencia de vínculo y reconocimiento".
Guía de regalos con trasfondo emocional
La presión por "regalar bien" en Navidad no siempre se vive como un gesto ilusionante. Según explica Patricia Lodeiro, cuando el acto de regalar se afronta desde la autoexigencia, el miedo a decepcionar o la comparación constante con lo que hacen los demás, puede convertirse en una fuente de ansiedad y culpa. Esa tensión interna suele apoyarse en creencias rígidas, muy habituales en estas fechas, como la idea de que si el regalo no es perfecto no es suficiente, lo que termina empañando el disfrute de dar.
Desde el punto de vista emocional, este tipo de presión no es inocua. Lodeiro señala que ese listón tan alto activa dinámicas mentales poco saludables que generan malestar incluso antes de que llegue el momento de entregar el regalo. La Navidad, pensada como un espacio de conexión y cuidado, acaba así atravesada por una lógica de rendimiento que poco tiene que ver con el vínculo entre las personas.
Frente a esa dinámica, la psicóloga apunta a otro tipo de regalos que sí suelen generar un mayor bienestar emocional en quien los hace. Son aquellos que implican tiempo, atención y significado: experiencias compartidas, gestos simbólicos, detalles personalizados, palabras escritas o ayudas concretas adaptadas a las necesidades reales del otro. "Este tipo de regalos refuerzan la conexión humana mucho más que el consumo", subraya. Un ejemplo claro es regalar tiempo o alivio a quien carece de él, como puede ser asumir tareas prácticas o preparar la comida de una celebración para que la otra persona pueda descansar o cuidarse.
El problema aparece cuando el consumismo navideño distorsiona este efecto positivo. Cuando el foco se desplaza hacia el exceso, la obligación o el valor económico del regalo; entonces se diluye su componente relacional y emocional. Es más, Lodeiro recuerda que un materialismo elevado se asocia a menor bienestar, más ansiedad y una menor satisfacción vital, incluso en contextos festivos. En ese escenario, regalar deja de ser un acto de conexión para convertirse en una fuente más de presión en unas fechas que, paradójicamente, deberían invitar justo a lo contrario.
¿Regalar como terapia?
Si tantos beneficios emocionales tiene tanto regalar como recibir regalos personalizados, ¿podríamos convertir este comportamiento en un tipo de "terapia"? La psicóloga defiende que sí, que "la generosidad cotidiana actúa como un regulador emocional accesible y sostenible, capaz de fortalecer el bienestar psicológico sin necesitar grandes recursos materiales".
Por tanto, concluye que "dar no es un acto extraordinario reservado a ocasiones especiales, sino una forma de relación con los otros y con uno mismo que favorece vínculos más auténticos, una identidad prosocial más sólida y una experiencia de bienestar más profunda y duradera".
La Navidad es mucho más que regalar y recibir, pero también es regalar y recibir. Esta es la época del año en la que niños y mayores escriben sus cartas a los Reyes Magos y Papá Noel con sus mayores deseos.