El héroe y su Némesis: Blas de Lezo, Vernon y la victoria que España prefirió no recordar
Blas de Lezo derrotó en Cartagena de Indias a la mayor flota británica de su tiempo y retrasó durante décadas el declive del imperio español en América. La victoria, sin embargo, no le trajo reconocimiento
"No somos recipientes para llenar, sino lámparas para encender", Buda.
Blas de Lezo, cuatro meses después de la victoria de Cartagena de Indias.
La inmortalidad es una nube de polvo suspendido resultante de la historia que ha transitado un gigante. Tras trescientos años de hostilidades encubiertas o manifiestas que los sajones alimentaron contra España a través de enfrentamientos declarados o de un aparente bajo perfil —léase piratería—, hostilidades maquilladas y sincronizadas para evitar que tuvieran relación entre ellas, aconteció un episodio trascendente que retrasó cerca de un siglo la pérdida de los territorios españoles en centro y Sudamérica y que, acarreó a los británicos un desprestigio inmenso.
La determinación de los británicos para acabar con la hegemonía española era una especie de doctrina nacional y su vampírica voracidad se sostenía en un deseo indisimulado de quebrar a España en su rol hegemónico en el escenario internacional. ¿La coartada? Una clásica cortina de humo basada en el enfrentamiento religioso para apoyarse en una pátina de “legalidad”.
Pues bien, el hombre que enfrentó a la mayor escuadra británica conocida en la historia hasta aquellas fechas, era un personaje de una altura humana y profesional infrecuente. Eso sí, los vientos de la guerra y su proverbial audacia y arrojo lo habían privado de un brazo, una pierna y un ojo, eso, es lo que se tradujo en un mote, que sus subordinados usaban con respetuoso criterio, al llamado “medio hombre”. Este cuerpo mermado, enjuto, además de las carencias provocadas por su capacidad de asumir riesgos, durante el sitio de Cartagena llegó a pesar cerca de 60 kilos; hay que tener en cuenta que andaba sobrado de lo fundamental, al tiempo que carecía de otras opciones, por ello, su peso era tan liviano.
Todo esto venía del malentendido creado en formato “fake” de un británico muy subido, llamado Robert Jenkins a quien el famoso capitán Fandiño le había echado el guante mientras hacía contrabando tras una persecución antológica,una asignatura en la que los primeros ingleses y posteriormente los británicos, se especializaron cum laude. Esto y las manipulaciones subsiguientes, dieron lugar a la Guerra del Asiento u Oreja de Jenkins, habida cuenta de que con mucha benevolencia para las prácticas de la época, el capitán español solo le había cortado una oreja al mequetrefe anglosajón. De aquella, vino la guerra y de ella, el famoso sitio de Cartagena de Indias (13 de marzo y el 20 de mayo de 1741).
Vernon tuvo una caída de popularidad tremebunda y tuvo que exilarse en una granja del norte a sembrar coles de por vida
Pues bien, es sabido que a pesar de las diferencias del narcisista virrey Eslava y del empecinado vasco, este último puso en fuga al ejército más poderoso que enfrento a España y Gran Bretaña. Como es obvio, Vernon tuvo una caída de popularidad tremebunda y tuvo que exilarse en una granja del norte a sembrar coles de por vida.
Pero tras la gloria vino la tragedia.
Cuatro meses después de la espantada británica y del triunfo épico del almirante español nacido en Pasajes, Blas de Lezo y Olavarrieta, agotado del vapuleo de la intensa historia de una vida tan afortunada —por los éxitos que obtuvo para nuestro país— pero minada por la enfermedad. Mucho se ha conjeturado sobre la causa de su muerte. Se dice que el 4 de abril una granada inglesa exploto cerca de la posición que mantenía en las murallas, los testigos dicen que ni se inmutó, tampoco tuvo daños severos. Otros oficiales presentes, creen que fue una septicemia ante una infección mal curada durante el asedio británico que, a la vista de los avances de la medicina actual, podría estar vinculada a una diabetes y que podría facilitar un más rápido deterioro, tal vez. Pero al parecer, basándose en los conocimientos actuales de la disciplina de Galeno, la sintomatología manifiesta del causante que finiquitó al gran almirante, fue el tabardillo, un minúsculo cabroncete que hacía horas extras como un estajanovista, infectando humanos por aquí y por allá. Unas calenturas monumentales, diez días con delirios y semiinconsciente, musitando oraciones, despierta brevemente, pide la comunión y la extremaunción.
Durante la batalla, soldados y oficiales dormían en establos, sótanos, ángulos de la muralla y los enfermos o heridos, en el interior de las casas, que quedaban en pie. Si a esto le añadimos una escasísima alimentación, el agotamiento inherente durante dos meses de locura, la obra previa para promover una mejor defensa, la falta de sueño, etc. es probable que acabaran con un Blas de Lezo en extrema debilidad física y mental con un evidente estado de ánimo muy deteriorado. Al iniciarse la batalla, 3000 soldados españoles y cerca de 500 arqueros indígenas voluntarios, se enfrentarían en una proporción de uno contra diez británicos. Si a eso le añadimos el incesante bombardeo de más de 200 embarcaciones enemigas dando la lata como si no hubiera un mañana; la locura estaba servida.
También influyó, de manera inoportuna, la gresca que tenía con el Virrey Eslava; un narcisista de manual que reivindicaba la victoria para él mismo. Es plausible que estuviera además de agotado, bajo de defensas y desmoralizado a pesar de la victoria tan rotunda que brindó a nuestra nación; todo ello, pudo sumirle en depresión. Curiosamente, entre los ingleses hay gente decente. El almirante Vernon salió en los foros de la época en defensa de Blas de Lezo y poniendo a Eslava en su sitio, acusándolo de una corrupción colosal y de indecencia moral con el almirante caído. Ya, antes de su entierro, el secretario del malvado virrey había confiscado sus documentos privados para cotillear su vida privada e intentar meterle mano por algún lado. Qué curioso que el enemigo al que combatió saliera en su defensa y el impresentable de Eslava se hiciera con la documentación personal del héroe.
Para colmo de males, un lluvioso día tropical con un aguacero muy intenso, oficiales de alto rango custodiaban el cuerpo de su almirante, empapados por el aguacero; hoy en día sus honorables y venerados restos están protegidos en un convento dominico.Felipe V, un rey mindundi, no le reconoció derecho alguno tras la correspondencia del indecente delincuente que era Eslava. Porque robar la correspondencia y leerla, es un derecho privado inalienable; ergo...
La vida en blanco y negro, heroísmo frente a indecencia.
"No somos recipientes para llenar, sino lámparas para encender", Buda.