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Sento Segarra, farmacéutico: “La sensibilidad al gluten implica fatiga o dolor articular”
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Sento Segarra, farmacéutico: “La sensibilidad al gluten implica fatiga o dolor articular”

Ponen el foco en un trastorno poco conocido que puede afectar al bienestar diario sin dejar rastro evidente en las pruebas médicas

Foto: (Youtube  | Sento farmacéutico)
(Youtube | Sento farmacéutico)

La presencia del término sin gluten en estanterías de supermercados y cartas de restaurantes ya no pasa desapercibida. Para Sento Segarra, farmacéutico divulgador, este fenómeno refleja una mayor concienciación social, pero también cierta confusión entre patologías muy distintas que suelen meterse en el mismo saco. “No todo lo relacionado con el gluten es celiaquía, y ahí es donde empiezan muchos errores”, advierte.

El gluten es un conjunto de proteínas presente en cereales como el trigo, la cebada o el centeno y, en la mayoría de la población, no genera ningún problema de salud. Sin embargo, existen personas para las que su consumo sí desencadena reacciones adversas. Segarra distingue claramente tres realidades clínicas: la alergia al trigo, la enfermedad celíaca y la sensibilidad al gluten no celíaca, una condición todavía poco comprendida pero cada vez más reconocida.

La enfermedad celíaca es la forma más conocida y también la mejor definida desde el punto de vista médico. Se trata de una patología autoinmune en la que el gluten daña el intestino delgado, dificultando la absorción de nutrientes y provocando síntomas digestivos, anemia, pérdida de peso, osteoporosis o alteraciones del estado de ánimo. Afecta aproximadamente a una de cada cien personas y requiere una eliminación estricta y permanente del gluten.

Distinta es la sensibilidad al gluten no celíaca. Según explica Segarra, “no aparecen los marcadores clásicos en los análisis ni el daño intestinal característico, pero los síntomas existen y pueden ser muy incapacitantes”. Entre los más habituales se encuentran la fatiga persistente, el dolor articular, las migrañas o la confusión mental, especialmente tras la ingesta de alimentos con gluten. En estos casos, reducir o eliminar el gluten suele traducirse en una mejora clara del bienestar.

Uno de los principales problemas es que los síntomas son poco específicos y pueden confundirse con otras afecciones. Ansiedad, rinitis recurrente, erupciones cutáneas o incluso dificultades reproductivas han sido relacionadas en algunos estudios con la intolerancia al gluten, lo que explica por qué muchas personas pasan años sin un diagnóstico claro. “Escuchar al cuerpo y observar cómo reacciona tras las comidas es clave”, señala el farmacéutico.

Las dietas sin gluten, a menudo tachadas de moda pasajera, han supuesto un antes y un después para quienes realmente lo necesitan. La mayor oferta de productos específicos ha mejorado la calidad de vida de pacientes celíacos y de personas con sensibilidad al gluten no celíaca, además de impulsar un debate necesario sobre salud digestiva e intolerancias alimentarias.

Segarra insiste en que entender las diferencias entre estas patologías permite evitar restricciones innecesarias y, al mismo tiempo, detectar problemas reales que durante años han pasado desapercibidos.

La presencia del término sin gluten en estanterías de supermercados y cartas de restaurantes ya no pasa desapercibida. Para Sento Segarra, farmacéutico divulgador, este fenómeno refleja una mayor concienciación social, pero también cierta confusión entre patologías muy distintas que suelen meterse en el mismo saco. “No todo lo relacionado con el gluten es celiaquía, y ahí es donde empiezan muchos errores”, advierte.

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