Proteger la visión nocturna y reducir el daño provocado por el estrés oxidativo es una de las principales preocupaciones cuando se habla de salud ocular. Entre los nutrientes que desempeñan un papel clave en este proceso, hay un mineral esencial que destaca por su concentración en la retina y su función protectora frente a la luz.
Se trata del zinc, un oligoelemento imprescindible para el organismo y especialmente relevante para la salud de los ojos. El portal de salud estadounidense WebMD, que subraya su papel en la visión y en el correcto funcionamiento de la retina. El zinc se concentra en altos niveles en la mácula, una zona central de la retina fundamental para la visión. Este mineral ayuda a la vitamina A a crear un pigmento denominado melanina, que protege el ojo frente a la luz y al daño oxidativo.
Esta función explica por qué la deficiencia de zinc se asocia con dificultades para ver en condiciones de poca luz. De hecho, la falta de este mineral puede afectar de forma directa a la visión nocturna y al mantenimiento de una retina sana. Además, el zinc contribuye a proteger los ojos frente a los efectos nocivos de la luz, actuando como un aliado frente al envejecimiento ocular y otros problemas relacionados con el deterioro visual.
El zinc es un nutriente que el organismo necesita, pero que no puede producir por sí mismo. “Dado que no podemos producir zinc como elemento, debemos ingerirlo”, afirma Teresa Fung, dietista titulada y profesora adjunta de nutrición en la Escuela de Salud Pública de Harvard. Más allá de la visión, este mineral desempeña funciones clave en el sistema inmunitario, el cerebro y otros órganos. El cuerpo lo utiliza para producir ADN y proteínas, favorecer la cicatrización de heridas y mantener la salud de la piel, el pelo y las uñas.
También interviene en la producción hormonal, en el desarrollo fetal, en la percepción del olfato y el gusto y en el crecimiento óseo, lo que refuerza su importancia dentro de una alimentación equilibrada.
Para asegurar una ingesta adecuada, el zinc debe obtenerse a través de la dieta. Según Clínica Universidad de Navarra, entre los alimentos con mayor contenido destacan las ostras, el germen de trigo, las semillas de calabaza, la carne de res y los crustáceos. Otros productos como los frutos secos, las legumbres, el arroz integral, el huevo o los lácteos también aportan cantidades relevantes de este mineral, facilitando su incorporación a la dieta diaria.
Proteger la visión nocturna y reducir el daño provocado por el estrés oxidativo es una de las principales preocupaciones cuando se habla de salud ocular. Entre los nutrientes que desempeñan un papel clave en este proceso, hay un mineral esencial que destaca por su concentración en la retina y su función protectora frente a la luz.