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La mejor fruta de invierno para aumentar la energía, disminuir la fatiga y combatir el estreñimiento
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La mejor fruta de invierno para aumentar la energía, disminuir la fatiga y combatir el estreñimiento

Durante el invierno, el aumento de platos contundentes y la reducción de la actividad física pueden afectar a la digestión e incrementar la sensación de cansancio

Foto: Aumentar la energía diaria se vuelve más esencial durante los meses fríos.  iStock
Aumentar la energía diaria se vuelve más esencial durante los meses fríos. iStock

Las fiestas navideñas suelen traer consigo reencuentros familiares, calles iluminadas, bajas temperaturas y una sucesión de comidas y cenas copiosas que alteran los hábitos habituales. Durante el invierno, el aumento de platos contundentes y la reducción de la actividad física pueden pasar factura al organismo, afectando a la digestión, incrementando la sensación de fatiga y favoreciendo problemas como el estreñimiento.

Aumentar la energía diaria se vuelve más esencial durante los meses fríos, cuando el cansancio se acentúa y la dieta suele volverse más calórica. La elección de determinados alimentos de temporada puede marcar la diferencia, especialmente si aportan nutrientes clave y un efecto saciante duradero. Entre las opciones más valoradas destaca una fruta de invierno con una larga tradición en la alimentación mediterránea y oriental: el dátil.

Los dátiles presentan un contenido calórico superior al de la fruta fresca debido a su estado seco. Según Healthline, una ración de 100 g de dátiles aporta 277 calorías, procedentes principalmente de los carbohidratos, además de pequeñas cantidades de proteínas. Esta misma porción proporciona cerca de 7 g de fibra, junto a minerales esenciales como potasio, magnesio, cobre, manganeso e hierro, además de vitamina B6. Esta combinación explica su capacidad para favorecer la función digestiva y contribuir al correcto funcionamiento del sistema nervioso.

El alto contenido en fibra convierte al dátil en una fruta especialmente útil para prevenir el estreñimiento. La fibra favorece la formación de heces y promueve movimientos intestinales regulares, un aspecto clave en invierno, cuando la actividad física suele disminuir. Además, la fibra ralentiza la digestión y ayuda a moderar los picos de glucosa en sangre. Por este motivo, los dátiles presentan un índice glucémico bajo en comparación con otros alimentos dulces, lo que permite un aporte energético más estable.

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Healthline también destaca que los dátiles destacan por su elevado contenido en antioxidantes, superior al de frutas similares como higos o ciruelas pasas. Entre ellos se encuentran flavonoides, carotenoides y ácidos fenólicos, compuestos asociados a la reducción de la inflamación y al menor riesgo de enfermedades crónicas.

Cómo consumirlos

El médico endocrino y divulgador Víctor Bravo desmonta uno de los mitos más extendidos sobre esta fruta: “Los dátiles tienen fama de ser bombas de azúcar y muchas personas con diabetes piensan que no los pueden consumir por el mero hecho de contener glucosa”. El especialista aclara que “si aprendieras cómo comer los dátiles, podrían ser un superalimento para bajar tu glucosa, mejorar tu saciedad y obtener una gran fuente de fibra y micronutrientes”. Bravo recuerda que contienen glucosa y fructosa, por lo que “nos puede subir el azúcar en sangre relativamente rápido”, pero insiste en que “la clave es entender cómo consumirlos para no tener efectos perjudiciales y maximizar los efectos beneficiosos”.

Su recomendación pasa por no tomarlos solos y combinarlos con proteína o grasas saludables. “Mi recomendación es que no te los tomes solos, sino que los acompañes de algún lácteo”, explica, citando opciones como yogur natural o kéfir, además de su uso en ensaladas. Consumidos con moderación, los dátiles aportan energía rápida y sostenida, ayudando a combatir el cansancio invernal sin los altibajos de otros tentempiés menos saludables.

Las fiestas navideñas suelen traer consigo reencuentros familiares, calles iluminadas, bajas temperaturas y una sucesión de comidas y cenas copiosas que alteran los hábitos habituales. Durante el invierno, el aumento de platos contundentes y la reducción de la actividad física pueden pasar factura al organismo, afectando a la digestión, incrementando la sensación de fatiga y favoreciendo problemas como el estreñimiento.

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