Qué significa guardar objetos rotos o viejos, según la psicología
Es un comportamiento más común de lo que se cree, en algunos casos fruto del coleccionismo o nostalgia pero en otros puede reflejar patrones más profundos que influyen en el bienestar psicológico
A quién no le ha dado pena tirar un objeto viejo e incluso se ha decantado por guardarlo a pesar de que ya no se usa o está roto. Es un comportamiento más común de lo que se cree, en algunos casos fruto del coleccionismo o nostalgia pero en otros puede reflejar patrones más profundos que influyen en el bienestar psicológico.
La psicología intenta buscar una explicación a guardar objetos rotos o viejos. Uno de los argumentos es que existe una conexión emocional con ellos al haber adquirido un valor sentimental para uno. Representan recuerdos o momentos con otros seres queridos. El problema es tener apego a esos objetos y no ser capaz de desprenderse de estos y acumularlos.
Se puede vincular a una forma de evitar la pérdida y a emociones dolorosas, creyendo que sí los conserva, sus recuerdos seguirán intactos.
Acumular demasiados objetos se puede asociar con trastornos de ansiedad o con el síndrome de Diógenes, que lo padecen las personas que almacenan cosas que ya carecen de utilidad.
Muchas veces se guardan por si algún día se necesitan, pero lo que genera es un entorno desordenado, algo que genera estrés y que puede afectar a la salud física.
Los rasgos que definen a las personas que almacenan objetos son de tener un fuerte apego al pasado e incluso dificultad para vivir el presente. No siempre tiene que ser un problema grave pero puede dar muestras de tener miedo al cambio. También pueden creer que así conservan parte de su identidad.
Pero se debe pasar a la acción y desechar los objetos que estén rotos o que no tengan utilidad. Para ello hay que hacer una limpieza periódica de la casa y valorar si realmente necesitamos esas cosas.
Y mentalizarse que desechar ese objeto no va a hacer que se olviden esos recuerdos, no hace falta tener algo físicamente para recordarlo. Guardar objetos viejos no solo es un hábito, puede reflejar emociones más profundas.
A quién no le ha dado pena tirar un objeto viejo e incluso se ha decantado por guardarlo a pesar de que ya no se usa o está roto. Es un comportamiento más común de lo que se cree, en algunos casos fruto del coleccionismo o nostalgia pero en otros puede reflejar patrones más profundos que influyen en el bienestar psicológico.