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Qué significa contar chistes sin parar, según la psicología
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CLAVES PSICOLÓGICAS

Qué significa contar chistes sin parar, según la psicología

Detrás de ciertos comportamientos humorísticos que parecen inofensivos puede esconderse un fenómeno neurológico sorprendente que la ciencia lleva décadas investigando

Foto: Feliz Día Internacional de Chiste. (Pexels/Olly)
Feliz Día Internacional de Chiste. (Pexels/Olly)

El impulso de encadenar chistes sin freno puede parecer espontáneo, pero diversos casos clínicos indican que, a veces, es señal de un trastorno neurológico poco común. En 1929, el neurólogo Otfrid Förster presenció durante una cirugía cómo un paciente comenzó a lanzar bromas absurdas sin control mientras se le extirpaba un tumor. Aquella reacción, descrita como una “fuga maníaca de ideas”, llamó la atención por su persistencia e incoherencia. Las bromas infantiles y comentarios disparatados se repetían sin pausa. Ese comportamiento terminaría siendo reconocido como parte del síndrome de Witzelsucht.

Ese mismo año, el psiquiatra Abraham Brill publicó nuevos casos de pacientes que recurrían a chistes inapropiados en cualquier contexto, incapaces de frenar sus impulsos humorísticos. La comunidad científica adoptó el término alemán Witzelsucht, acuñado por el neurólogo Hermann Oppenheim, para describir esta adicción al humor. Los estudios señalaron que el origen suele estar en lesiones del lóbulo frontal derecho, región esencial para el juicio social, la personalidad y el autocontrol. En muchos pacientes también aparece moria, un estado de euforia desinhibida y comportamiento extravagante.

Una de las investigaciones más recientes, publicada en 2016, analizó el caso de un hombre de 69 años que, tras un derrame cerebral, desarrolló una compulsión extrema por hacer humor. Su esposa relató que incluso la despertaba por la noche para contarle nuevos chistes. Cuando fue evaluado por los especialistas, el paciente entregó más de cincuenta páginas repletas de bromas, muchas de ellas de contenido sexual o escatológico. Los neurólogos confirmaron que se trataba de un caso claro de Witzelsucht, caracterizado por la incapacidad de regular el impulso de bromear. Sus chistes solían resultar ofensivos o fuera de lugar.

Otro ejemplo lo proporciona la Universidad de California (UCLA), que estudió a un hombre de 63 años tras recibir un disparo en la cabeza. Lejos de mostrar preocupación, el paciente evidenciaba una alegría excesiva y realizaba juegos de palabras de forma continua. La lesión afectó parte del lóbulo frontal derecho y de la corteza orbitofrontal izquierda, zonas responsables de modular las emociones y la conducta social. Los médicos observaron una clara desinhibición emocional, acompañada de bromas constantes. Incluso utilizaba la cicatriz de su craneotomía para hacer humor físico y sorprender a quienes le rodeaban.

El impulso de encadenar chistes sin freno puede parecer espontáneo, pero diversos casos clínicos indican que, a veces, es señal de un trastorno neurológico poco común. En 1929, el neurólogo Otfrid Förster presenció durante una cirugía cómo un paciente comenzó a lanzar bromas absurdas sin control mientras se le extirpaba un tumor. Aquella reacción, descrita como una “fuga maníaca de ideas”, llamó la atención por su persistencia e incoherencia. Las bromas infantiles y comentarios disparatados se repetían sin pausa. Ese comportamiento terminaría siendo reconocido como parte del síndrome de Witzelsucht.

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