Neil deGrasse Tyson, astrofísico: "¿Por qué los mares son salados si los ríos y la lluvia no lo son?"
Según explica el astrofísico, si fuésemos capaces de hervir toda el agua de los océanos, nos quedarían más de 50 cuatrillones de toneladas de sal
¿Por qué el agua del mar sabe a sal si ni la lluvia ni los ríos son salados? Neil deGrasse Tyson lo ha explicado en un vídeo viral con una respuesta tan inesperada como poética: “La respuesta está en el tiempo”.
El divulgador científico y astrofísico ha planteado una de esas preguntas que muchos se hacen de forma casual, pero que encierra un fenómeno geológico gigantesco. “¿Alguna vez te has preguntado por qué el océano es salado?”, comienza. “La lluvia no es salada, los ríos no son salados. Entonces, ¿por qué todo sabe a pretzel cuando llega al mar?”.
@projectfga Whi the ocean water is salty? This video features an AI-generated voice for storytelling and educational purposes. It is not the real Neil Degrasse Tyson. #oceanwater #salt #mindblown #neildegrassetyson #science ♬ original sound - Project FGA
La respuesta, dice, no está en un hecho puntual, sino en una acumulación casi infinita de tiempo y procesos. Cada gota de lluvia, al tocar tierra, arrastra diminutas partículas minerales, especialmente sodio y cloruro, que se convierten en sal. Esos minerales van a parar a los ríos y estos, a su vez, desembocan en los océanos.
El océano: el destino final
Aquí llega la clave de todo: “Los océanos no van a ninguna parte. Son la trampa química del planeta, que no se vacía nunca”. Tyson aclara que, mientras los ríos fluyen, los mares se quedan con todo lo que reciben. Así, poco a poco, el contenido salino ha ido aumentando sin cesar desde hace más de 3.500 millones de años.
No se trata de bloques de sal, sino de átomos. Una construcción invisible que se ha ido acumulando tormenta tras tormenta hasta salinizar el planeta. “La sal entra, pero no sale”, resume. Según explica el astrofísico, si fuésemos capaces de hervir toda el agua de los océanos, nos quedarían más de 50 cuatrillones de toneladas de sal, una cifra que se hace tangible con esta imagen: sería suficiente para cubrir todo el planeta con una capa de cristales de medio metro de grosor.
La reflexión final no es menos evocadora: “La próxima vez que pruebes agua del mar, recuerda esto: estás saboreando la memoria de antiguas montañas, disueltas por el tiempo y almacenadas en la última cuenca de la Tierra”.
¿Por qué el agua del mar sabe a sal si ni la lluvia ni los ríos son salados? Neil deGrasse Tyson lo ha explicado en un vídeo viral con una respuesta tan inesperada como poética: “La respuesta está en el tiempo”.