La alimentación infantil y su impacto directo en el desarrollo emocional y cognitivo se ha convertido en uno de los temas clave de la neurociencia moderna, especialmente a la luz de los estudios que vinculan la salud intestinal con el comportamiento. La investigadora Nazareth Castellanos, una de las voces más influyentes en la divulgación científica en España, ha advertido de las consecuencias que la dieta ultraprocesada puede tener en la infancia, destacando su efecto en la irritabilidad y la gestión emocional.
Castellanos, entrevistada por 3Cat, explicó que la ciencia actual ya no concibe al cerebro como un órgano aislado, sino como parte de un sistema interconectado en el que intervienen el intestino, la respiración y el corazón. «Pues mira, de momento se ha empezado por estudiar tres ejes, que es el eje intestino-cerebro, el eje respiración-cerebro y el eje corazón-cerebro», señaló, subrayando que los procesos biológicos que influyen en la mente se distribuyen a lo largo del cuerpo.
En ese contexto, la microbiota intestinal adquiere un papel determinante. Castellanos recordó que esta comunidad de microorganismos influye de forma especial en el comportamiento durante la infancia, hasta el punto de que la propia alimentación de la madre durante el embarazo puede tener repercusión en la gestión emocional futura del niño. La neurocientífica fue clara al describir los riesgos asociados a una dieta basada en productos ultraprocesados. «Lo que se ha visto es que aquellos niños que toman comida basura, los dulces, estas comidas envasadas, afecta al neurodesarrollo», detalló.
Citó incluso estudios que relacionan la frecuencia de consumo de este tipo de alimentos con un aumento de las rabietas y dificultades en el desarrollo cognitivo y emocional. Según Castellanos, «un niño que toma más alimentos procesados es un niño más irritable, con más problemas sociales, más problemas de gestionar su propia emoción, más aversivos, menos capacidad de comprensión al otro porque el intestino actúa mucho sobre el cerebro social».
Castellanos puso también el foco en el periodo perinatal. Recordó que el bebé adquiere parte de su microbiota al pasar por el canal del parto, y que incluso algunos hospitales aplican técnicas como la inoculación vaginal en cesáreas para favorecer esa transferencia. Aunque pidió no caer en alarmismos, insistió en que existe una correlación entre la dieta materna durante la gestación y la futura regulación emocional del niño.
Tras casi tres décadas de investigación, Castellanos reivindica una neurociencia «que sea práctica», capaz de ofrecer herramientas aplicables en la vida cotidiana. Por ello, insiste en concienciar sobre la influencia que hábitos como la alimentación tienen en la salud emocional infantil. Su mensaje es claro: la prevención empieza en casa, en la nevera y en las rutinas que las familias construyen día a día.
La alimentación infantil y su impacto directo en el desarrollo emocional y cognitivo se ha convertido en uno de los temas clave de la neurociencia moderna, especialmente a la luz de los estudios que vinculan la salud intestinal con el comportamiento. La investigadora Nazareth Castellanos, una de las voces más influyentes en la divulgación científica en España, ha advertido de las consecuencias que la dieta ultraprocesada puede tener en la infancia, destacando su efecto en la irritabilidad y la gestión emocional.