El impacto emocional de quienes han ejercido toda la vida como el “pilar” de su entorno resulta familiar para muchas personas. La psicóloga y doctora en Neurociencia Ana Asensio ha explicado en sus redes sociales un patrón que identifica a muchas personas adultas: crecer aprendiendo que había que ser fuertes para todos, incluso cuando no existía un espacio seguro para mostrar vulnerabilidad. Su análisis alerta sobre las consecuencias que este rol tiene en el bienestar emocional.
Asensio resume este fenómeno en una frase que ha resonado ampliamente: “Hay un dolor del que casi nadie habla, el dolor de ser fuerte para todos y no tener dónde caer”. Desde la psicología, este comportamiento recibe el nombre de rol aprendido de hiperresponsabilidad, una pauta que, según detalla, suele originarse en la infancia.
“Las personas que siempre sostienen a los demás suelen tener una historia en común. Aprendieron muy pronto que no podían fallar, que ser vulnerables tenía un coste, que su valor estaba en aguantar, en resolver, en cuidar, en sostener, en no molestar, en no pedir”, señala. Ese aprendizaje temprano se automatiza en el cerebro y transforma la forma de relacionarse con el mundo. La neurocientífica profundiza en las implicaciones biológicas de este mecanismo emocional. “Lo que hace la amígdala es que se acostumbra a anticipar peligros, el sistema nervioso se queda en alerta y tú te vuelves la persona fuerte a base de coraza, de no pedir, incluso cuando estás rota por dentro”. Este estado de hipervigilancia se mantiene en la edad adulta, dificultando la petición de ayuda incluso en momentos de agotamiento extremo.
Asensio destaca que muchas de estas personas crecieron en entornos donde “si tú no sostenías, todo se desbordaba”, lo que refuerza aún más la convicción de que solo pueden estar seguras si se hacen cargo de todo lo que ocurre a su alrededor. Pese a la dureza del patrón, la psicóloga insiste en que modificarlo es posible y no implica renunciar a la capacidad de cuidar. “Ser la fuerte no significa que no necesites sostener, al contrario, significa que nadie te enseñó a pedirlo”, señala.
Para ella, el proceso de recuperación pasa por “equilibrar, permitirte bajar peso, elegir vínculos donde tú también puedes caerte y reposar, aprender a decir ‘hoy no puedo sola’ y recordarte algo esencial: la fortaleza no se demuestra cargando, sino permitiéndote descansar, reposar y pedir”. “Si este mensaje te toca quizás no sea casualidad, tal vez tu cuerpo lleva tiempo diciéndote que ya no puedes con todo, tal vez hoy puedas empezar a escucharlo y a volver a pedir y a conectar”, concluye.
El impacto emocional de quienes han ejercido toda la vida como el “pilar” de su entorno resulta familiar para muchas personas. La psicóloga y doctora en Neurociencia Ana Asensio ha explicado en sus redes sociales un patrón que identifica a muchas personas adultas: crecer aprendiendo que había que ser fuertes para todos, incluso cuando no existía un espacio seguro para mostrar vulnerabilidad. Su análisis alerta sobre las consecuencias que este rol tiene en el bienestar emocional.