Charlotte Chopin continúa asombrando al mundo del bienestar al seguir impartiendo clases de yoga a sus 102 años, una actividad que practica desde hace más de cuatro décadas. Quienes asisten a sus sesiones en Léré, en la región francesa del Loira, descubren en ella una figura serena pero firme, capaz de ejecutar movimientos con una precisión sorprendente. Aunque su apariencia pueda sugerir fragilidad, sus posturas de guerrero revelan una fortaleza inesperada. Su participación en “La France a un Incroyable Talent” impulsó su notoriedad mediática. Desde entonces, ha recibido incluso un reconocimiento de India por su papel como embajadora del yoga.
Chopin inició su relación con el yoga a los 50 años, animada por una amiga, y diez años más tarde comenzó a enseñar en su comunidad para mantenerse activa. Su estudio se ubica en un antiguo edificio policial, un espacio sencillo que hoy reúne a mujeres de distintas edades que valoran su forma de acompañar y corregir. Cuando explica qué le ofrece esta disciplina, responde sin rodeos: “serenidad”. Sobre su longevidad, asegura que se debe a la buena suerte y a poder dedicarse a algo que disfruta auténticamente. Cada mañana empieza el día con café y tostadas con mantequilla, miel o mermelada, un ritual que mantiene desde hace décadas.
Su determinación quedó demostrada tras cumplir 100 años, cuando sufrió un desmayo que provocó un accidente de coche y una fractura de esternón. A pesar de ello, tres meses después ya había vuelto a conducir y a impartir clase, lo que sus alumnas definen como una muestra clara de su carácter. Ellas la describen como exigente, pero profundamente alentadora, capaz de impulsar a cada persona a explorar sus propios límites. Para muchas, su ejemplo encarna la importancia del envejecimiento activo y del compromiso con una práctica que trasciende lo físico. Su presencia inspira disciplina y constancia.
Aunque ahora ya no realiza todas las posturas ni practica a diario, mantiene tres clases semanales con una energía que sorprende a quienes la ven por primera vez. Camina entre las esterillas, corrige alineaciones y demuestra ejercicios que ha perfeccionado durante años. Chopin insiste en que sus sesiones no han cambiado porque, como dice con naturalidad, “las posturas son las posturas”. La repetición, la rutina y el vínculo social se han convertido en los pilares que sostienen su bienestar. Para ella, esa combinación explica por qué sigue disfrutando del yoga y de su comunidad con una vitalidad que desafía el paso del tiempo.
Charlotte Chopin continúa asombrando al mundo del bienestar al seguir impartiendo clases de yoga a sus 102 años, una actividad que practica desde hace más de cuatro décadas. Quienes asisten a sus sesiones en Léré, en la región francesa del Loira, descubren en ella una figura serena pero firme, capaz de ejecutar movimientos con una precisión sorprendente. Aunque su apariencia pueda sugerir fragilidad, sus posturas de guerrero revelan una fortaleza inesperada. Su participación en “La France a un Incroyable Talent” impulsó su notoriedad mediática. Desde entonces, ha recibido incluso un reconocimiento de India por su papel como embajadora del yoga.