Isabel Viña, doctora: "Es muy común estar estresado, nervioso y cansado y cuando llega la noche no poder dormir"
Su forma de explicar procesos complejos con ejemplos cotidianos ha conectado con miles de personas que buscan entender por qué, a pesar de vivir acelerados, cada vez se sienten menos capaces de descansar y desconectar
La doctora Isabel Viña se ha convertido en una voz de referencia en redes sociales gracias a su forma directa y desmitificadora de hablar sobre hormonas, salud y suplementación. Endocrina, divulgadora y creadora de su propia línea de productos, insiste en la cuenta de B3TTER en algo que repite casi como mantra: si dominas tus hormonas, dominas tu vida. Y lo dice con la tranquilidad de quien lleva años observando lo mismo en miles de personas: “Es muy común estar estresado, nervioso y cansado y que, cuando llega la noche, no puedas dormir. Pero que sea común no significa que sea normal”.
Viña describe una escena que reconocerán muchos: jornadas interminables, sensación de no llegar a todo, la cabeza encendida hasta la madrugada y un agotamiento que no desaparece aunque hayan sonado ocho horas de alarma. Para ella, el problema empieza en una hormona muy concreta, el cortisol. Su función original era ayudarnos a sobrevivir ante un peligro puntual; hoy vivimos con ese aviso encendido las 24 horas. Cuando el estrés no se apaga, el cuerpo se queda atrapado en un estado extraño: ni está en alerta máxima ni logra relajarse. Ahí aparecen la irritabilidad, el insomnio, la fatiga matutina y esa niebla mental tan frecuente que muchos achacan a “tener demasiadas cosas en la cabeza”. Viña insiste en que esa lectura es incompleta: es también una cuestión hormonal.
Su discurso parte de una crítica suave pero contundente hacia la medicina más acelerada. No reniega de los tratamientos farmacológicos —ella misma los necesita para controlar varias enfermedades autoinmunes—, pero lamenta que escucharlo todo a través de una analítica se haya convertido en el estándar. “Un análisis perfecto no significa que estés bien”, resume. Cree que muchas personas han interiorizado que deben convivir con la fatiga, la pérdida de energía o la ansiedad simplemente porque “la analítica sale normal”, cuando esos síntomas también forman parte de la conversación clínica.
En esa idea encajan dos hormonas que considera esenciales para entender cómo nos sentimos a diario: la insulina y la tiroides. La primera, explica, actúa como la llave que permite que el azúcar abandone la sangre y entre en el músculo, donde sirve como combustible. Cuando no funciona bien —algo muy habitual en personas con grasa acumulada en la zona abdominal— aparecen picos de glucosa que inflaman, ralentizan y desgastan. La segunda, la hormona tiroidea, es el acelerador del organismo. Si está baja, la energía se hunde; si está desajustada, la memoria se apaga, la piel se reseca, el colesterol aumenta y el cuerpo entra en un modo de ahorro que no debería activar sin motivo.
La testosterona es otro de los pilares que rompe tópicos. Viña recuerda que no es una hormona exclusivamente masculina, y que de hecho las mujeres tienen más testosterona que estrógenos, aunque en cantidades mucho menores que los hombres. Su papel va mucho más allá del deseo sexual: influye en la motivación, la fuerza, la rapidez mental, la masa muscular y la capacidad de recuperación. El estrés sostenido la desploma, y por eso no es raro que tanto hombres como mujeres noten una caída del deseo, una pérdida de firmeza muscular o una sensación difusa de “apagón” cuando atraviesan momentos de exigencia elevada.
A la hora de regular el sistema hormonal, la doctora insiste en que no existen atajos. El sueño profundo es la base sobre la que se construye todo; el mejor pico de testosterona —en hombres y también en mujeres— ocurre por la noche, y basta dormir mal unos días para que los niveles disminuyan cerca de un 20%. El ejercicio, especialmente el que construye músculo, es el segundo pilar. Para Viña, el músculo no es solo estética: es un órgano metabólico que mantiene la insulina afinada y actúa como un seguro de vida a largo plazo. La alimentación completa el triángulo, porque sin ciertos micronutrientes —como el magnesio, el zinc, la vitamina D o los ácidos grasos omega-3— las hormonas no pueden sintetizarse correctamente.
Su postura respecto a los suplementos es clara y, al mismo tiempo, realista. Defiende la vitamina D como uno de los déficits más extendidos por nuestro estilo de vida de interiores, el magnesio como un imprescindible para cientos de funciones metabólicas, la B12 en quienes no consumen alimentos de origen animal de forma regular y los omega-3 como aliados frente a la inflamación. También destaca la creatina, a la que considera injustamente infravalorada más allá del gimnasio. Asegura que no solo mejora el rendimiento muscular, sino que contribuye a elevar la testosterona natural e incluso apoya funciones cognitivas al ayudar a reciclar energía de forma más eficiente.
Lo que sí rechaza con firmeza son los “quemadores de grasa” que prometen transformar el cuerpo sin esfuerzo, los suplementos que aseguran elevar la testosterona sin ninguna evidencia detrás o los productos antienvejecimiento que siguen más la moda que la ciencia. “Si algo realmente quemara grasa, estaría en las farmacias, no en los anuncios de Instagram”, señala con ironía.
La doctora Isabel Viña se ha convertido en una voz de referencia en redes sociales gracias a su forma directa y desmitificadora de hablar sobre hormonas, salud y suplementación. Endocrina, divulgadora y creadora de su propia línea de productos, insiste en la cuenta de B3TTER en algo que repite casi como mantra: si dominas tus hormonas, dominas tu vida. Y lo dice con la tranquilidad de quien lleva años observando lo mismo en miles de personas: “Es muy común estar estresado, nervioso y cansado y que, cuando llega la noche, no puedas dormir. Pero que sea común no significa que sea normal”.