Mario Alonso Puig, médico: "El pensamiento afecta al sistema inmune, que es el que nos protege de las enfermedades"
Profundiza en cómo las emociones, los vínculos humanos y la experiencia afectiva pueden influir en la recuperación física
La reflexión sobre el poder del amor vuelve a ocupar el centro de la conversación entre la doctora Carmen Alegría y el médico y conferenciante Mario Alonso Puig. Su tesis, respaldada cada vez por más evidencia científica, sostiene que el afecto, la conexión humana y hasta la calidad de nuestros pensamientos influyen directamente en el sistema inmunitario, la recuperación física y el bienestar emocional.
Durante la conversación, Puig recuerda que su primera intuición sobre el valor curativo del afecto llegó muy joven, antes incluso de empezar Medicina. Años después, su interés cristalizó al descubrir investigaciones pioneras sobre psicoendocrinoinmunología, un campo que analiza cómo nuestras emociones y pensamientos modifican la respuesta hormonal y, con ello, la actividad defensiva del organismo.
“El pensamiento afecta al sistema inmune, que es el que nos protege de las enfermedades”, explica, subrayando que hoy resulta incuestionable el vínculo entre el estado emocional y la capacidad del cuerpo para sanar. La relación médico-paciente, el contacto humano y la calidad del vínculo terapéutico, afirma, pueden modificar incluso la expresión genética.
El médico repasa situaciones clínicas que ha observado a lo largo de los años: pacientes que afrontan un infarto cerebral o cardíaco acompañados de afecto —ya sea de familiares o del propio personal sanitario— suelen mostrar mejores índices de recuperación y menos complicaciones. La microglía, el sistema inmunitario del cerebro, actúa con más eficacia frente a posibles infecciones cuando el paciente se siente acompañado.
También apunta a datos reveladores: la soledad no elegida aumenta el riesgo de un nuevo evento cardíaco hasta seis veces tras recibir el alta. Puig defiende que el cariño, la oxitocina y la reducción del estrés que produce un entorno emocional seguro pueden “hacer que la sangre sea más fluida” y evitar coágulos o espasmos coronarios.
Preguntado sobre cómo se aprende a amar, el médico insiste en que se trata de una práctica cotidiana. “El trato es tan importante como el tratamiento”, repite, reivindicando que el afecto no solo es un sentimiento, sino una manera de relacionarse que se ejercita a través de gestos sencillos, desde una conversación amable hasta una sonrisa.
Además, menciona prácticas como la Loving Kindness Meditation, una técnica extendida en Bután que consiste en visualizar a distintas personas y desearles bienestar. Estudios de su maestro Richard Davidson han demostrado que reduce el miedo y la ira, dos emociones que afectan de manera directa a la salud.
Puig y Alegría profundizan también en el impacto de la soledad, que muchos países ya consideran un problema de salud pública. El médico recuerda el caso de un paciente que decidió no suicidarse después de recibir una simple sonrisa de una desconocida, un ejemplo extremo —pero real— del efecto que un gesto afectuoso puede tener en alguien vulnerable.
Por eso insiste en que la solución no es individual, sino colectiva: tratar con cordialidad a quienes encontramos cada día —en una tienda, en el hospital, en la calle— puede convertirse en un acto transformador sin que seamos conscientes.
La reflexión sobre el poder del amor vuelve a ocupar el centro de la conversación entre la doctora Carmen Alegría y el médico y conferenciante Mario Alonso Puig. Su tesis, respaldada cada vez por más evidencia científica, sostiene que el afecto, la conexión humana y hasta la calidad de nuestros pensamientos influyen directamente en el sistema inmunitario, la recuperación física y el bienestar emocional.