Es noticia
Amelia Arenas, psicóloga, sobre los niños con altas capacidades: "Su mente va tan rápido que ni ellos mismos son capaces de seguir su ritmo"
  1. Alma, Corazón, Vida
"¿Y SI LES DIÉRAMOS ALAS?"

Amelia Arenas, psicóloga, sobre los niños con altas capacidades: "Su mente va tan rápido que ni ellos mismos son capaces de seguir su ritmo"

Los expertos advierten de que muchos niños con altas capacidades viven atrapados entre una mente que vuela y un entorno que avanza despacio, lo que puede afectar tanto a su bienestar emocional como a su relación con los demás

Foto: (Fuente: YouTube)
(Fuente: YouTube)

La psicóloga infantil Amelia Arenas observa a diario un fenómeno que muchos padres de niños con altas capacidades reconocen al instante: una mente que nunca descansa. Estos menores muestran una velocidad de procesamiento que puede dejarlos fuera de sincronía con su entorno, generando fascinación, pero también frustración. Arenas lo explica con una frase que resume muy bien esta realidad. "Su mente va tan rápido que a veces ni ellos mismos son capaces de seguir su propio ritmo”, dice en uno de sus últimos vídeos.

Los estudios neuropsicológicos coinciden en que estos niños pueden manejar información a un ritmo significativamente superior al de sus compañeros. Según Arenas, “la velocidad de procesamiento en personas con altas capacidades puede ser hasta un 30% mayor que en otras personas de su misma edad”. Este dato ayuda a entender por qué suelen adelantarse mentalmente a lo que ocurre a su alrededor. Mientras otros menores necesitan tiempo para relacionar ideas o resolver un problema, ellos lo hacen casi en automático, enlazando conceptos de manera sorprendente.

Esta agilidad mental tiene una parte muy positiva: les permite razonar, asociar y resolver problemas en tiempos reducidos, a menudo con estrategias creativas que no se enseñan en ningún manual escolar. Es habitual que encuentren soluciones alternativas, enfoques inesperados o conexiones lógicas que descolocan incluso a los adultos. Sin embargo, esa misma rapidez también conlleva retos emocionales y sociales.

Arenas advierte de que, cuando el entorno no se ajusta a su ritmo, pueden aparecer señales de desconexión o malestar. La psicóloga lo expone claramente. “También puede generar impaciencia, impulsividad o desconexión con el entorno si ese entorno tiene un ritmo demasiado lento para ellos”, asegura. Para algunos niños, esta brecha entre su velocidad interna y la del mundo provoca aburrimiento, inquietud o sensación de incomprensión.

Foto: psicologa-vibra-persona-suficiente-quieras-alejarte-ella

En el ámbito educativo, estas diferencias pueden hacerse aún más evidentes. Mientras la clase avanza a un ritmo estándar, ellos ya han terminado la tarea, han anticipado el ejercicio siguiente y están mentalmente en otro lugar. Los docentes describen esta situación como un desafío: mantenerles motivados sin separarles por completo de la dinámica del grupo, ofrecer estímulos sin saturarlos y evitar que confundan la rapidez con perfeccionismo o autoexigencia extrema.

La psicóloga plantea una reflexión interesante sobre cómo acompañar a estos menores. En lugar de pedirles constantemente que frenen, que esperen o que “se adapten”, propone abrir una vía distinta. “¿Y si en vez de pedirles que esperen les diéramos alas?”, plantea. La idea no es acelerar su camino, sino permitirles explorar su potencial sin sentir que esa ventaja natural es un problema. Esto pasa por ofrecer retos adecuados, actividades que despierten su curiosidad y espacios donde puedan desarrollar su pensamiento sin restricciones innecesarias.

Entre las familias, este tema genera conversaciones recurrentes. Muchos padres no saben si deben estimular más, poner límites o simplemente dejar que avancen a su ritmo. Arenas insiste en que lo fundamental es acompañarlos emocionalmente, ayudarlos a gestionar la frustración y conectar con ellos desde la comprensión, no desde la exigencia. Una mente brillante también necesita calma, orientación y apoyo para no sentirse desbordada por su propia velocidad.

La psicóloga infantil Amelia Arenas observa a diario un fenómeno que muchos padres de niños con altas capacidades reconocen al instante: una mente que nunca descansa. Estos menores muestran una velocidad de procesamiento que puede dejarlos fuera de sincronía con su entorno, generando fascinación, pero también frustración. Arenas lo explica con una frase que resume muy bien esta realidad. "Su mente va tan rápido que a veces ni ellos mismos son capaces de seguir su propio ritmo”, dice en uno de sus últimos vídeos.

Psicología