Querer mucho y no hablar a diario: el auge de las amistades 'low-maintenance' en la vida adulta
La vida adulta transforma las amistades en vínculos más duraderos y menos demandantes. El psicólogo Alejandro Caparrós explica por qué las relaciones 'low-maintenance' encajan en una etapa marcada por el cansancio mental y la falta de tiempo
Pedro y Guillermo tienen 15 años y pasan todas las mañanas juntos en el instituto; también algunas de las tardes porque comparten extraescolares. Juegan en el mismo equipo de fútbol con el que entrenan tres días a la semana y forman parte del mismo grupo de amigos; así que los viernes y los sábados salen juntos a cenar. Al terminar la semana, se han visto más que cada uno de ellos a sus padres.
No obstante, 15 años más tarde, su amistad ha cambiado, y mucho. Ellos siguen siendo mejores amigos, así que en ese sentido todo sigue igual; pero el número de horas que pasan juntos a lo largo de la semana se ha reducido tanto, que en ocasiones pueden pasar casi un mes sin verse.
Aunque ahora pasen mucho menos tiempo juntos, su amistad es más sólida que nunca. Ellos sienten que están muy unidos y lo saben todo el uno del otro, sin embargo, la vida adulta les atropella y es por eso que su vínculo se ha ido transformando hacia una amistad low-maintenance o "de bajo mantenimiento". Este tipo de amistad, en la que no hace falta hablar todos los días para sentir que el vínculo está ahí, "encaja muy bien en la vida adulta porque solemos tener menos tiempo, más responsabilidades y la mente más ocupada", explica Alejandro Caparrós, psicólogo.
"Los 30 suelen traer consigo menos tiempo libre y más carga mental"
"Los 30 suelen traer consigo menos tiempo libre y más carga mental. Empiezan a estabilizarse trabajos, parejas o proyectos vitales y eso cambia la manera de relacionarnos. Muchas veces ya no buscamos cantidad, sino calidad, conexiones que se mantengan aunque la vida vaya rápida. Curiosamente, en ocasiones, cuando disminuye la intensidad, aumenta la autenticidad", manifiesta Caparrós. Es por eso que en este momento de sus vidas, Pedro y Guillermo han encontrado en esta manera de relacionarse un modelo que les permite continuar con sus responsabilidades diarias y no perder el vínculo de confianza que les une.
Necesito más tiempo para ver a mis amigos
Las amistades de bajo mantenimiento se pueden tener a cualquier edad, pero es más común que aparezcan en etapas con más responsabilidades y en grandes ciudades porque, comenta Caparrós, "el ritmo es tan rápido que exigir presencia continua no encaja".
Son entonces las responsabilidades adultas las que limitan la vida social; sobre todo la carga laboral, la paternidad o la precariedad. "Son factores que consumen mucha energía emocional y reducen nuestra disponibilidad mental. Por eso tendemos a relaciones donde nadie se enfada si contestas una semana después", asegura el psicólogo; quien en terapia escucha cosas como "no llego a todo" o "no me da la vida" al hablar de relaciones con amigos. "A mí me parece que ahí se ve muy claro lo que está pasando: no es desinterés, es supervivencia mental. Y en ese contexto, las amistades que no exigen acaban funcionando casi como un refugio", añade.
Y para sobrevivir mentalmente, Caparrós recomienda ser selectivos desde la madurez, que "nos hace más conscientes de qué tipo de vínculos nos sientan bien y cuáles no".
Huye de la culpa
Al tener este tipo de relaciones de bajo mantenimiento con amigos, es normal sentirse culpable porque "valoramos el vínculo, pero también porque arrastramos un modelo antiguo de amistad basado en la frecuencia y la presencia constante. Cuando entiendes que la calidad del vínculo no se mide en quedadas, la culpa se diluye bastante", declara el psicólogo.
Es más, para él, estas amistades pueden ser tan profundas o más que las que mantienen quienes se ven a diario; ya que asegura que "la profundidad no está en la frecuencia sino en la confianza. Hay amistades que hablan muy poco, pero cuando lo hacen se sienten totalmente seguras. La sensación de conexión no depende del número de mensajes, sino de la calidad del vínculo".
"Puedes hablar todos los días con alguien y sentirte solo, o hablar cada pocas semanas y sentir que te sostienen"
Niega Caparrós además que el auge de la soledad entre los adultos tenga que ver con que cada vez sean más populares las amistades low-maintenance. Insiste en que "la soledad real no viene de ver poco a la gente, sino de sentir que no tienes a quién acudir cuando realmente importa. Puedes hablar todos los días con alguien y sentirte solo, o hablar cada pocas semanas y sentir que te sostienen. La soledad no aparece por hablar menos, sino por sentirte menos acompañado".
Por tanto, quienes piensen en transformar sus relaciones para convertirlas en unas menos demandantes, lo que deben hacer, declara Caparrós, es comunicarlos a sus amigos con "honestidad, calma y empatía; explicar que no es un tema de afecto, sino de energía o disponibilidad". Y para mantener el vínculo vivo, aunque haya meses sin contacto: "Hacer cosas muy sencillas como mandar un mensaje corto cuando surge, un audio inesperado, proponer un encuentro sin obligaciones, o incluso avisar cuando no puedes estar muy presente. La regularidad no importa tanto como la autenticidad. Lo que sostiene la relación es saber que, aunque pasen meses, sigue habiendo un lugar para el otro".
Pedro y Guillermo tienen 15 años y pasan todas las mañanas juntos en el instituto; también algunas de las tardes porque comparten extraescolares. Juegan en el mismo equipo de fútbol con el que entrenan tres días a la semana y forman parte del mismo grupo de amigos; así que los viernes y los sábados salen juntos a cenar. Al terminar la semana, se han visto más que cada uno de ellos a sus padres.