Isabel Viña, médico: "Intenta sustituir la pasta de trigo normal por pastas de pseudocereales"
La pasta puede ser más saludable si se prepara con cabeza. La médico revela tres trucos sencillos para reducir su impacto glucémico, mejorar la digestión y mantener la energía durante más tiempo sin renunciar al sabor ni a la textura perfecta
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Comer pasta no tiene por qué estar reñido con una alimentación equilibrada. Así lo asegura la médico Isabel Viña, que ha compartido tres claves para disfrutar de este clásico sin que se dispare el índice glucémico ni se pierda el control sobre los hidratos de carbono.
Pequeños gestos, dice, que “marcan la diferencia entre una pasta que solo sacia y otra que nutre”.
@isabelvinabas 3 Trucos para hacer la pasta más sana #pasta #pastadente #perdidagrasacorporal ♬ sonido original - Isabel Vina
Cocinarla al dente para reducir el impacto glucémico
El primer truco, según Viña, es no pasarse con la cocción. “Cocinar la pasta al dente hace que la estructura del almidón sea más compleja de digerir”, explica. Eso se traduce en una absorción más lenta de los carbohidratos y una mayor sensación de saciedad. “Es como tomar pasta integral sin que lo sea realmente”, añade.
Dejarla reposar en la nevera: el secreto del almidón resistente
Una vez cocinada, la especialista recomienda guardar la pasta en la nevera durante unas 10 o 12 horas antes de consumirla. Ese proceso permite que se forme lo que los nutricionistas llaman almidón resistente tipo 3, un compuesto que “actúa como fibra, tiene efecto prebiótico y eleva la glucosa más lentamente”, explica Viña. Gracias a ello, la energía se libera de forma más sostenida y se evita el típico bajón tras comer.
Añadir verduras para potenciar la fibra y los nutrientes
El tercer consejo es combinar la pasta con verduras como tomate, berenjena, alcachofa o brócoli. La fibra presente en estos alimentos “ralentiza aún más la absorción de los hidratos”, además de aportar vitaminas y antioxidantes que equilibran el plato.
Una alternativa: cambiar el tipo de pasta
Por último, Viña anima a probar pasta de pseudocereales o legumbres, una opción cada vez más popular. “La de quinoa o trigo sarraceno, que no tienen gluten, o la de lenteja roja, con extra de proteínas, son alternativas más completas”, destaca.
Estos cuatro gestos, fáciles de incorporar al día a día, permiten disfrutar de la pasta sin remordimientos y con un extra de beneficios para la salud. Porque, como recuerda la doctora, “no se trata de eliminar alimentos, sino de aprender a cocinarlos mejor”.
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