Iban Martín, historiador: "No todos los juegos de gladiadores eran a muerte, y se fueron reduciendo con la moral cristiana"
Además, aunque el cine ha popularizado los pulgares hacia arriba o hacia abajo, matiza que no está tan claro cómo el público pedía la ejecución del derrotado
Las dudas sobre cómo funcionaban realmente los combates de gladiadores siguen generando curiosidad en Internet, y el historiador Iban Martín lo confirma durante su intervención en The Wild Project, donde desmonta mitos, sorprende con anécdotas y explica por qué la violencia en la arena no era tan simple como Hollywood nos hizo creer. “No todos los combates eran a muerte”, aclara, y ese matiz está revolucionando las redes.
Martín describe un sistema mucho más complejo de lo que imaginamos. Había esclavos, sí, pero también veteranos de guerra que buscaban una salida laboral y ciudadanos libres que se apuntaban para pagar deudas. El ludus —la escuela de gladiadores— funcionaba casi como un club deportivo profesional, gestionado por un lanista, el empresario del espectáculo.
“Un gladiador era un bien económico”, repite el historiador, destacando que matar a todos era contraproducente porque suponía perder inversión, entrenamiento y años de trabajo.
La muerte existía, pero no como norma
Aunque el cine ha popularizado los pulgares hacia arriba o hacia abajo, Martín matiza que no está tan claro cómo el público pedía la ejecución del derrotado. Las fuentes apuntan a gritos, no a gestos: “Yo me inclino por los gritos: muerte o vida, lo que pidiera la gente”. Además, muchos combates incluían rendición —la famosa missio— que salvaba al luchador cuando este levantaba la mano o los dedos, un detalle que aparece en mosaicos romanos.
Uno de los puntos más virales de la entrevista llega cuando Martín explica cómo la sociedad fue cambiando su percepción del espectáculo. Con la expansión del cristianismo, la sangría pública comenzó a resultar incómoda: “Se van reduciendo los combates a muerte porque la moral cristiana empieza a verlo muy cruel”, comenta. Lo que había nacido como un ritual funerario terminó convirtiéndose en un espectáculo masivo… y finalmente en un entretenimiento mal visto.
El historiador dibuja una imagen espectacular del Coliseo. No solo había luchas entre gladiadores; había bosques artificiales, trampillas que liberaban tigres, venatores cazando animales exóticos y ejecuciones teatralizadas basadas en mitos.
Los asistentes podían pasar todo el día en el anfiteatro: por la mañana, cacerías; al mediodía, ejecuciones; por la tarde, los gladiadores; y por la noche, un plato fuerte que muchos desconocen: las mujeres gladiadoras, de las que incluso existen representaciones consideradas fetiches en su época.
El Coliseo era gratuito para los ciudadanos romanos, un detalle que asombra a quienes escuchan la entrevista por primera vez. Había jerarquías en las gradas y, según Martín, crónicas cristianas describen incluso a las vestales como auténticas fanáticas de la sangre.
El anfiteatro era un punto de encuentro, un evento multitudinario donde la gente pasaba el día entero y podía incluso comer carne de los animales sacrificados.
Las dudas sobre cómo funcionaban realmente los combates de gladiadores siguen generando curiosidad en Internet, y el historiador Iban Martín lo confirma durante su intervención en The Wild Project, donde desmonta mitos, sorprende con anécdotas y explica por qué la violencia en la arena no era tan simple como Hollywood nos hizo creer. “No todos los combates eran a muerte”, aclara, y ese matiz está revolucionando las redes.