El odontólogo Simón Pardiñas ha puesto el foco en un gesto cotidiano: comprobar el aspecto del cepillo de dientes después de cada uso. Según advierte, unas cerdas abiertas, torcidas o deterioradas antes de lo habitual ofrecen una pista clara de un cepillado demasiado agresivo. Este exceso de presión no mejora la higiene, sino que perjudica dientes y encías. Por ello, recomienda observar su estado con frecuencia. Para el especialista, es un signo evidente de que la técnica no es la adecuada.
Pardiñas explica que aplicar más fuerza de la necesaria puede provocar recesión gingival, una retracción de la encía que deja zonas expuestas y más sensibles. También señala el desgaste del esmalte, un daño frecuente cuando se utiliza un cepillo sometido a demasiada presión. En su vídeo muestra varios ejemplos de cepillos deformados para ilustrar esta situación. “Si este es el aspecto de tu cepillo de dientes, puede que estés realizando una técnica incorrecta”, insiste. Su objetivo es prevenir lesiones que suelen pasar desapercibidas.
Respecto a la frecuencia de renovación, el dentista recuerda que lo aconsejable es cambiar el cepillo cada tres meses. Sin embargo, aclara que existen casos en los que es necesario hacerlo antes. Tras padecer una infección vírica o bacteriana, el cepillo puede acumular millones de bacterias, por lo que resulta prudente reemplazarlo en cuanto la enfermedad remite. Así se reduce el riesgo de reinfección. Mantener la herramienta en condiciones óptimas forma parte de una buena higiene oral. Y no conviene descuidarlo.
Para quienes olvidan cuándo toca renovarlo, Pardiñas sugiere un método sencillo: coincidir el recambio con cada cambio de estación. De esta forma, con la llegada de primavera, verano, otoño e invierno, se garantiza un cepillo nuevo sin necesidad de recordatorios. Este hábito facilita mantener las cerdas en buen estado y mejora la eficacia del cepillado. Además, contribuye a crear una rutina de cuidado más constante. En definitiva, una técnica suave y un cepillo adecuado son esenciales para cuidar dientes y encías.
El odontólogo Simón Pardiñas ha puesto el foco en un gesto cotidiano: comprobar el aspecto del cepillo de dientes después de cada uso. Según advierte, unas cerdas abiertas, torcidas o deterioradas antes de lo habitual ofrecen una pista clara de un cepillado demasiado agresivo. Este exceso de presión no mejora la higiene, sino que perjudica dientes y encías. Por ello, recomienda observar su estado con frecuencia. Para el especialista, es un signo evidente de que la técnica no es la adecuada.