Mercè Boada, neuróloga especializada en alzhéimer: “La dieta de los mayores no debe limitarse a una frutita o un yogur para cenar”
Los especialistas en deterioro cognitivo insisten en que ciertos hábitos cotidianos influyen más de lo que imaginamos en cómo envejece nuestro cerebro. Una reconocida neuróloga española lanza ahora un mensaje directo a las familias
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Mercè Boada, neuróloga y cofundadora de Ace Alzheimer Centre, lleva años insistiendo en que la alimentación es una de las llaves para prevenir o retrasar el alzhéimer. Su mensaje más reciente es directo: la cena de los mayores debe ser completa, no un trámite ligero que deje al cerebro sin recursos.
La especialista recuerda que el riesgo de deterioro cognitivo se construye a lo largo de toda la vida. Por eso, la prevención “empieza desde la infancia”, una etapa en la que, según explica, pesan dos pilares: “la alimentación y la escolarización”. En su visión, una dieta con verduras, frutas, pescado y huevos —rica en vitaminas, proteínas y grasas saludables— y una infancia con aprendizaje y vida social ayudan a levantar una reserva cognitiva que protege décadas después.
Al llegar a la edad adulta, Boada sitúa el foco en la franja de los 30 a los 50 años: moverse, estimular la mente y vigilar la salud cardiovascular. Asimismo, controlar la hipertensión, evitar alcohol y tabaco y frenar obesidad o diabetes no es solo una cuestión de corazón, sino también de memoria. En paralelo, señala que la ansiedad, la depresión o el aislamiento social pueden pasar factura al cerebro, sobre todo desde los 40-50 años.
Qué deben comer los mayores para cuidar la memoria
A partir de los 50 y especialmente tras la jubilación, la neuróloga pide no bajar la guardia. Con el paso del tiempo aparecen fragilidad muscular o déficits como el calcio, y el organismo necesita proteínas y grasas de calidad para mantener las conexiones neuronales. Boada recomienda opciones sencillas y asequibles: huevos, legumbres y pescado —“mejillones, sardinas, boquerones, salmón y calamares”—, junto a verduras y aceite de oliva.
La advertencia que más repite en consulta va justamente contra las cenas pobres en nutrientes: “Los mayores no pueden limitarse a ‘una frutita y a lo mejor un yogur’”. En su receta cotidiana no hace falta lujo, sino intención: “Póngale un poco más de proteína. ¿Por qué no una tortilla o un poco de jamón? ¿O dos sardinas?”. La idea es que cada comida aporte energía útil al cuerpo y al cerebro, en raciones razonables pero densas en nutrientes.
Las cenas pobres en nutrientes no son una solución para personas con Alzheimer. Necesitan proteína y energía útil
Además de comer mejor, Boada anima a vivir mejor esa etapa “dorada” de más de 65 años. Considera la jubilación un periodo para “enriquecerse vitalmente”, seguir aprendiendo, socializar y disfrutar con calma de lo que motiva. Su consejo final enlaza salud mental y memoria: “enamorarnos de la vida” —amistades, aficiones, experiencias compartidas— también es una forma de cuidar el cerebro y llegar a los 80 o 90 años con más bienestar y autonomía.
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