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Ana Mombiedro, arquitecta y neuropsicóloga: "Las gamas de colores fríos facilitan la memoria, y los cálidos, la atención"
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Ana Mombiedro, arquitecta y neuropsicóloga: "Las gamas de colores fríos facilitan la memoria, y los cálidos, la atención"

Hay espacios que inspiran, otros que cansan y algunos que nos devuelven la energía sin que sepamos muy bien por qué. La labor de Ana Mombiedro ayuda a desvelar cómo responde el cerebro a cada estímulo

Foto: Ana Mombiedro (Youtube)
Ana Mombiedro (Youtube)

Las casas no solo se habitan: también se sienten. Esa es la idea que defiende Ana Mombiedro, arquitecta y neuropsicóloga, una de las voces más destacadas de la neuroarquitectura en España. Su trabajo parte de una premisa sencilla pero contundente: el entorno en el que vivimos influye en nuestra memoria, nuestra atención, nuestro descanso y, en definitiva, en nuestro bienestar diario. Desde el tono de una pared hasta el tipo de luz que entra por la ventana, todo envía señales al cerebro.

La neuroarquitectura no es una corriente estética ni una moda decorativa: es una disciplina científica que estudia cómo variables como la luz, la humedad, la temperatura o las proporciones espaciales afectan a procesos cognitivos como la atención, la creatividad o la memoria. Por eso no es casual que trabajemos mejor en un rincón concreto de nuestra casa o que un espacio nos resulte agradable y otro nos genere rechazo pese a ser similar.

Uno de los puntos más llamativos del trabajo de Mombiedro es la relación entre color y funciones mentales. Los estudios realizados en laboratorio muestran que las gamas de colores fríos tienden a mejorar tareas vinculadas a la memoria, mientras que los tonos más cálidos favorecen la concentración y la atención. No se trata de intuiciones decorativas, sino de pruebas controladas con resultados medibles.

La luz natural también juega un papel protagonista en nuestro bienestar. El cuerpo ajusta sus ritmos internos según la calidad de la luz que recibe: los tonos fríos de la mañana activan el organismo, y los tonos cálidos del atardecer ayudan a bajar el ritmo. Por eso recomienda despertar con luz suave y natural y terminar el día acompañando la caída del sol, siempre que sea posible. Cuando no lo es, existen sistemas de iluminación que recrean esas variaciones.

Foto: tendencia-arrasa-comedor-otono-colores-1qrt

Mombiedro insiste en que una vivienda saludable no tiene por qué ser cara ni enorme. Hay pequeños ajustes que pueden mejorar nuestra calidad de vida sin necesidad de reformas costosas. Introducir sonidos de naturaleza, usar imágenes o cuadros con paisajes o instalar lámparas que cambien su temperatura de color según la hora del día son algunas soluciones sencillas que el cerebro interpreta como señales de calma y bienestar.

También conviene prestar atención a los elementos invisibles de la casa, como el ruido o los olores, que pueden arruinar un hogar aparentemente perfecto. El exceso de objetos, los estímulos visuales caóticos o los muebles mal colocados aumentan la carga sensorial que debe procesar el cerebro y generan sensación de saturación.

A todo ello se suma la importancia de tener plantas en casa, de elegir el dormitorio que reciba luz por la mañana aunque sea el más pequeño y de ver la vivienda como una extensión del propio cuerpo: cuanto mejor nos conocemos, mejor podremos adaptarla a nuestras necesidades.

La experta recuerda que no solo debemos pensar en las cuatro paredes de nuestra casa, sino en el barrio, el parque más cercano o los espacios públicos que utilizamos a diario. La neuroarquitectura ya se aplica a proyectos tan cotidianos como parkings, colegios o edificios administrativos con el fin de mejorar la orientación, la comodidad o incluso la seguridad emocional de quienes los usan.

Las casas no solo se habitan: también se sienten. Esa es la idea que defiende Ana Mombiedro, arquitecta y neuropsicóloga, una de las voces más destacadas de la neuroarquitectura en España. Su trabajo parte de una premisa sencilla pero contundente: el entorno en el que vivimos influye en nuestra memoria, nuestra atención, nuestro descanso y, en definitiva, en nuestro bienestar diario. Desde el tono de una pared hasta el tipo de luz que entra por la ventana, todo envía señales al cerebro.

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