Laia, dueña de una administración de Lotería: "El día a día no da para pagar las nóminas y el alquiler cuando no hay sorteo de Navidad"
La responsable de esta administración habla del difícil equilibrio económico que afrontan estos negocios, marcados por comisiones insuficientes y una dependencia total de la campaña navideña para sobrevivir
- Joaquín Monroy, dueño de una administración de lotería: "A día de hoy no recomiendo ser lotero, las comisiones son muy pobres"
- José Pastor, dueño de una administración de lotería en España: "De cada décimo de Navidad, solo ganamos 90 céntimos y el resto es para el Estado"
Laia lleva tiempo detrás del mostrador de su administración de lotería en Molins de Rei. Conoce cada número, cada superstición y cada gesto de ilusión de quienes acuden buscando cambiar su suerte. Sin embargo, detrás de esa imagen festiva hay una realidad que ella misma define como “muy dura” y que, a su juicio, apenas se ve desde fuera. En una conversación con el creador de contenido Eric Ponce, la lotera explica que el sector vive un momento delicado. "El Estado nos tiene muy mal valorados y cobramos un porcentaje muy bajo para todo lo que hacemos", explica.
La administración que regenta funciona como cualquier pequeño negocio de barrio, pero con una diferencia clave: la dependencia absoluta del Sorteo de Navidad. Laia lo cuenta sin rodeos: la campaña de diciembre no es solo un pico de ventas, sino la clave para la supervivencia del año entero. “La Navidad te tiene que dar para cubrir todo el año”, advierte. Según relata, cuando esa temporada no funciona o cuando las ventas no alcanzan lo previsto, el resto de meses resultan casi imposibles de sostener. “Cuando no hay sorteo de Navidad, el día a día no da para pagar las nóminas y el alquiler. No da”, lamenta.
La lotera recuerda que antes la situación era distinta. “Antiguamente se podía pagar muchísimo más en ventanilla que ahora”, comenta al explicar que los límites han cambiado y, con ellos, también la parte de negocio que podían retener los administradores. Actualmente, solo pueden abonar premios de hasta 2.000 euros en ventanilla; cualquier cantidad superior exige pasar por una entidad bancaria. Ese detalle, que para el cliente puede parecer menor, supone para ellos una pérdida importante. “Ya ni siquiera con premios de 5.000 o 6.000 euros nos comisiona el Estado”, denuncia. Cada modificación en la normativa se ha traducido, según cuenta, en “recortes” que dejan a las administraciones en “una miseria”.
Frente a esa reducción de ingresos, Laia insiste en que no hay espacio para acomodarse: quien se limite a vender lo que entra por la puerta está perdido. “No te puedes estancar solo en las ventas de lo que pasa por tu puerta, si no no ganas nada”, explica. La búsqueda de clientes externos, acuerdos con empresas o asociaciones y la venta fuera del local se han convertido en parte esencial del trabajo. Solo así se llega a “facturar algo normal” que permita cubrir gastos básicos.
Pero el funcionamiento interno de una administración también añade carga. “Trabajamos con nuestro propio dinero. Es un círculo”, detalla mientras resume un sistema que, según ella, deja toda la responsabilidad en manos del administrador. Cada semana gestionan, pagan y venden billetes y, al día siguiente, todo lo ingresan al Estado, que posteriormente descuenta la comisión correspondiente. “Trabajamos para el Estado”, expresa con cierta resignación. Y añade que, pese a esa dependencia, no sienten apoyo. “No nos sentimos respaldados y no intervienen en nada. Solo te piden la facturación, lo que les ingreses y ya”, añade.
La parte más crítica del modelo, según Laia, es la devolución del género no vendido. El Estado entrega los décimos como un préstamo y exige su devolución antes del sorteo. Si no se devuelven a tiempo, el cargo se hace directamente al bolsillo del administrador. “O vendes o devuelves”, subraya. Y en caso de no lograrlo, el coste recae íntegramente sobre el negocio.
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Laia lleva tiempo detrás del mostrador de su administración de lotería en Molins de Rei. Conoce cada número, cada superstición y cada gesto de ilusión de quienes acuden buscando cambiar su suerte. Sin embargo, detrás de esa imagen festiva hay una realidad que ella misma define como “muy dura” y que, a su juicio, apenas se ve desde fuera. En una conversación con el creador de contenido Eric Ponce, la lotera explica que el sector vive un momento delicado. "El Estado nos tiene muy mal valorados y cobramos un porcentaje muy bajo para todo lo que hacemos", explica.