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"Hace años el acoso tenía timbre de salida, hoy no": el debate sobre el control del móvil en casa
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Supervisión de padres a hijos

"Hace años el acoso tenía timbre de salida, hoy no": el debate sobre el control del móvil en casa

Los móviles concentran hoy las mayores tensiones entre padres e hijos. Hablamos con el abogado Nicolás Marchal y la psicóloga Judit Merayo sobre los límites, cómo establecerlos, y la supervisión parental

Foto: Fotograma de 'Pubertat' (HBO Max)
Fotograma de 'Pubertat' (HBO Max)

En la serie Pubertat, el personaje que interpreta Leticia Dolera revisa cada noche el teléfono móvil de su hijo. Es un acto a priori consensuado entre ambas partes. Se lo confisca antes de que el adolescente se vaya a dormir y si encuentra algo que llame su atención lo hablaría con él. No obstante, nunca ve nada; hasta que descubre que existen carpetas que se pueden ocultar.

Es por este "consenso" entre madre e hijo que ella cree conocer a su vástago a la perfección, hasta que descubre que no es así.

placeholder Un fotograma de 'Pubertat' (HBO Max)
Un fotograma de 'Pubertat' (HBO Max)

Los móviles guardan mucha información, a través de las fotografías que alguien guarde en su galería, las conversaciones de WhatsApp o el historial de búsqueda de Google se puede conocer en profundidad a una persona. ¿Pero tiene derecho una madre a revisar el teléfono móvil de su hijo?

"Es cierto que el menor tiene derecho a la intimidad, a la propia imagen, y que dicha intimidad tiene que ser respetada por los padres. No obstante, los progenitores ejercen la patria potestad de los menores, y tienen el deber de protegerles y velar por su bienestar. Por lo tanto, es legal supervisar sus teléfonos móviles", explica Nicolás Marchal, doctor en Derecho y director del Grado en Criminología y Ciencias Forenses de la Universidad Nebrija.

Entonces, según este abogado y criminólogo, supervisarle el móvil a tu hijo es legal, ¿pero se debe hacer? "Debemos diferenciar 'supervisar' de 'espiar'. Espiar (leer chats a escondidas, rastrear ubicaciones sin aviso) destruye el vínculo de confianza. Supervisar es un acto de acompañamiento pactado. La fórmula que propongo es la 'puerta digital abierta': el móvil no es una caja fuerte privada propiedad del menor; es un dispositivo de la familia que se le cede. Se revisa juntos, con el adolescente delante. El mensaje no es 'buscar lo que has hecho mal', sino 'te ayudo a gestionar lo que te llega de fuera'. Es un rol de copiloto, no de policía", responde Judit Merayo, psicóloga general sanitaria y educadora social.

Foto: vuelta-cole-movil-smartphone-pantallas-ninos-colegio-educacion

La importancia de los límites

Existe una clara discordancia entre la edad a la que los adolescentes deberían tener su primer teléfono móvil y lo que realmente ocurre. Lo ideal, según Judit Merayo, sería retrasar el utilizar un móvil hasta los 14 o 16 años, "por el desarrollo cerebral"; sin embargo, eso en pocos casos ocurre. Es más, es muy común que con 12 años los preadolescentes ya tengan uno, lo que la psicóloga equipara con "dar las llaves de un Ferrari a alguien sin carnet de conducir: la herramienta es potente, pero el usuario no tiene la pericia para manejar la velocidad ni los frenos".

Como el momento de que tu hijo tenga un teléfono móvil va a llegar, tarde o temprano, lo ideal es que lo introduzcas dejando claro cuáles son los límites: "La mejor herramienta es un 'contrato digital' firmado por ambas partes antes de entregar el dispositivo. Las normas no se imponen, se pactan", manifiesta Judit. Y entre estas dos normas o "reglas de oro innegociables" destaca tanto la prohibición de que el móvil duerma en la habitación como establecer zonas y momentos libres de tecnología.

"La vida digital y la física ya son un continuo. El 'patio del colegio' continúa en Instagram"

Para las generaciones Z y Alfa, el móvil ha dejado de ser una herramienta con la que hacer cosas, y se ha convertido, asegura Judit, "en el lugar donde viven. La vida digital y la física ya no son compartimentos estancos, son un continuo. El 'patio del colegio' continúa en Instagram, WhatsApp y Discord las 24 horas; lo que ha disparado la ansiedad por exclusión".

Cuando algo va mal...

Cuando un padre tiene sospechas de que algo le ocurre a su hijo, debe revisar el teléfono de su hijo porque este puede tener las claves de lo que le está pasando; pero antes de esto, y lo ideal es "sentarnos con ellos y ser honestos. Hacerlo a traición puede confirmar sus peores miedos: que no pueden confiar en sus padres. Si lo hacemos de frente, validamos su seguridad por encima de su privacidad", cuenta la psicóloga y educadora social.

Como en muchas otras relaciones personales o resoluciones de problemas, tener una buena comunicación es clave para que no se malinterpreten unas conductas determinadas.

Además, el teléfono móvil no solo es una fuente de información sobre la vida de un adolescente; también puede ser una fuente de problemas, y es por eso que es importante que los padres, también durante el diálogo, lleguen a acuerdos con sus hijos para que controlen el uso que hacen de estos dispositivos. "Más allá de los titulares sobre delitos, en mi consulta clínica veo una realidad mucho más compleja y extendida; e identifico tres grandes riesgos estructurales que están cambiando la salud mental adolescente: el 'patio de colegio' 24/7 (la desaparición del refugio), la trampa de lo efímero y la huella digital, y el secuestro de la dopamina y la autoestima", detalla Judit.

"Hace años, si sufrías acoso escolar, al llegar a casa estabas a salvo. Hoy, el acoso no tiene timbre de salida"

"Hace años, si sufrías acoso escolar, al llegar a casa estabas a salvo. Hoy, el acoso no tiene timbre de salida. El 'enemigo' está en su bolsillo y entra en su habitación por la noche. Plataformas como Instagram, Roblox o los grupos de WhatsApp se convierten en una extensión del recreo donde la exclusión, el insulto o el vacío social ocurren a tiempo real y ante una audiencia masiva. Esto genera un estado de hipervigilancia constante (cortisol elevado) que es devastador para un cerebro en desarrollo", expresa Judit.

La psicóloga también habla de la existencia de un "analfabetismo digital peligroso sobre la permanencia". Muchos adolescentes creen que una foto enviada por una aplicación de "mensajes que se autodestruyen" desaparece; pero, aclara Judit, "mi trabajo es hacerles entender que la privacidad digital no existe. Una captura de pantalla o una foto hecha con otro móvil convierten ese contenido en eterno".

Por último, está "el secuestro de la dopamina y la autoestima", lo que la psicóloga explica desgranando el funcionamiento de las aplicaciones, que "están diseñadas con mecanismos de 'recompensa variable' (como las máquinas tragaperras) que secuestran la atención. Esto provoca una intolerancia radical al aburrimiento y una irritabilidad explosiva cuando se les retira el estímulo. Si a esto le sumamos el 'escaparate de vidas perfectas' de las redes, tenemos el caldo de cultivo perfecto para la dismorfia corporal y la sensación crónica de inferioridad".

Acompañar sin invadir

Encontrar el equilibrio entre supervisar y no invadir su intimidad, es complicado; pero posible. Ya que si el adolescente se siente vigilado, es habitual que desarrolle una "doble vida digital"; pero si, por el contrario, aclara Judit, se siente 'observado', "como un aprendiz que tiene a un mentor cerca, se sentirá seguro. El objetivo es que, cuando se encuentre con un problema (una foto que no debió enviar, un insulto...), su primer instinto sea acudir a sus padres, no ocultarlo por miedo al castigo".

Foto: Pablo Duchement. (Foto cedida)

Un castigo que en muchas ocasiones suele ser privarle de utilizar el móvil, sin tener en cuenta que puede ser un error pedagógico grave. "Retirar el móvil es una 'amputación social'. Les aislamos de su red de apoyo justo cuando están mal. Además, si el conflicto no tuvo que ver con el móvil (como por ejemplo suspender matemáticas), la desconexión lógica genera rabia, no aprendizaje. Es mucho más efectivo limitar el uso o condicionar el acceso a ciertas apps recreativas", declara Judit.

Por último, en un momento en el que encontrar el equilibrio entre acompañar e invadir no es sencillo, la psicóloga quiere compartir un consejo para aquellas familias que se encuentren perdidas: "La alfabetización digital inversa. Que el adolescente nos enseñe a nosotros. Cuando nos ponemos en posición de alumnos, ellos bajan la guardia, se empoderan y nos muestran su mundo desde dentro. Detectamos riesgos compartiendo la experiencia (viendo vídeos juntos, comentando youtubers), en lugar de fiscalizarla desde fuera como jueces".

En la serie Pubertat, el personaje que interpreta Leticia Dolera revisa cada noche el teléfono móvil de su hijo. Es un acto a priori consensuado entre ambas partes. Se lo confisca antes de que el adolescente se vaya a dormir y si encuentra algo que llame su atención lo hablaría con él. No obstante, nunca ve nada; hasta que descubre que existen carpetas que se pueden ocultar.

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