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Baibing Chen, neurólogo: "Tu cerebro no es adicto a una persona, es adicto a lo imprevisible"
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Baibing Chen, neurólogo: "Tu cerebro no es adicto a una persona, es adicto a lo imprevisible"

El especialista explica qué ocurre en el cerebro y por qué este patrón es tan común en relaciones amorosas

Foto:  El neurólogo Baibing Chen. (TikTok)
El neurólogo Baibing Chen. (TikTok)

Hay personas que generan un enganche difícil de explicar: un día son amables y atentas, y al siguiente se muestran distantes, frías o ausentes. Ese vaivén emocional mantiene a muchos en un estado de alerta constante, tratando de descifrar señales y preguntándose qué ha cambiado. El neurólogo Baibing Chen explica qué ocurre en el cerebro y por qué este patrón es tan común en relaciones amorosas.

Según el especialista, el cerebro humano no se siente atraído por la estabilidad, sino por aquello que resulta incierto. “Tu cerebro no es adicto a una persona, es adicto a lo imprevisible”, afirma. Esta reacción se debe a cómo funciona el sistema dopaminérgico: las recompensas que llegan de forma inesperada activan con mayor intensidad los circuitos de la dopamina que las experiencias predecibles.

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Cuando alguien es constante, receptivo y seguro emocionalmente, el sistema nervioso permanece en calma. En cambio, si una persona pasa de la cercanía a la distancia sin previo aviso, el cerebro entra en un “bucle de búsqueda de recompensas”. Chen explica que ante estos cambios, uno empieza a analizar cada palabra, gesto o conversación reciente para intentar entender la causa de la desconexión.

El neurólogo señala que esta atracción hacia lo impredecible suele tener origen en la infancia. Quienes crecieron en entornos donde el afecto era inestable o condicionado —cuando el cariño, la atención o la aprobación dependían del comportamiento— desarrollan una asociación profunda entre incertidumbre y conexión emocional. “La inconsistencia te resulta familiar, incluso cuando duele”, resume.

Estas experiencias tempranas, según Chen, no modifican la genética, pero sí afectan la expresión de los genes y la respuesta del sistema nervioso ante el estrés en la edad adulta. Como consecuencia, las personas criadas en ambientes impredecibles suelen tener un sistema límbico más activo, vías de dopamina más sensibles a los cambios bruscos y circuitos de amenaza que se activan con mayor rapidez.

Este funcionamiento cerebral no solo se manifiesta en las relaciones de pareja. Chen explica que también aparece en el trabajo —por ejemplo, cuando alguien persigue la aprobación de un jefe que nunca reconoce su esfuerzo— o en amistades donde se toleran malos tratos por miedo a perder la conexión. Incluso afecta a la relación con uno mismo. Es común ignorar el progreso constante, pero obsesionarse con los contratiempos porque la imprevisibilidad capta más atención. Ese enfoque, explica el especialista, refuerza aún más el vínculo entre estrés y percepción de importancia.

El proceso de cambio comienza cuando se deja de asociar el estrés con el afecto o la valía. “La curación comienza cuando dejas de entrenar a tu cerebro para perseguir el estrés y cuando eliges entornos y personas que hacen que tu sistema nervioso se sienta tranquilo”, sostiene. El neurólogo subraya que la calma puede resultar extraña al principio para quienes provienen de entornos emocionales inestables, pero es justamente esa sensación de tranquilidad la que permite que el cerebro se recablee.

Hay personas que generan un enganche difícil de explicar: un día son amables y atentas, y al siguiente se muestran distantes, frías o ausentes. Ese vaivén emocional mantiene a muchos en un estado de alerta constante, tratando de descifrar señales y preguntándose qué ha cambiado. El neurólogo Baibing Chen explica qué ocurre en el cerebro y por qué este patrón es tan común en relaciones amorosas.

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