Muchas personas observan con desconcierto cómo su perro, durante los paseos, decide restregarse sobre heces u otros restos orgánicos. Lo mismo puede ocurrir con un gato, que decide que el arenero es el lugar preferido para ponerse un perfume. Este comportamiento, lejos de ser anecdótico, tiene explicaciones conocidas por especialistas y genera dudas frecuentes entre quienes conviven con animales. Entender por qué ocurre permite actuar con mayor seguridad y prevenir riesgos sanitarios.
La veterinaria Karla Carpio, a través de su perfil de TikTok (@tata.veterinaria), ha detallado las claves de este hábito. En su vídeo explica el porqué los perros y gatos tienen este comportamiento desde un prisma etológico, y ofrece tres de las teorías que lo confirman.
La especialista apunta primero al marcaje olfativo. Según explica, los animales "se revuelcan en ese lugar para dejar su olor y que otros animales puedan detectarlo". Esta conducta forma parte de la comunicación social de numerosas especies y permite indicar presencia, estado o jerarquía dentro de un territorio.
La segunda explicación que ofrece Carpio está relacionada con la búsqueda de un aroma especialmente intenso. Tal como afirma: "Ellos se untan de un olor particular y muy llamativo para destacar en su grupo social". En este caso, el animal no intenta esconderse, sino llamar la atención utilizando un olor potente y persistente.
La tercera teoría está vinculada a la memoria olfativa. La veterinaria señala que nuestras mascotas "se untan de un olor para recordarlo de una forma más fácil". Este mecanismo ayuda al animal a identificar estímulos en el futuro mediante asociaciones sensoriales muy marcadas.
Carpio también aclara una creencia extendida. "No es cierto que se unten de ese olor para camuflarse de las presas, por el contrario, es un olor que llama muchísimo la atención y de esta forma no se van a poder camuflar tan fácilmente". Con esta precisión, recuerda que el comportamiento no tiene origen depredador, sino comunicativo y sensorial.
Muchas personas observan con desconcierto cómo su perro, durante los paseos, decide restregarse sobre heces u otros restos orgánicos. Lo mismo puede ocurrir con un gato, que decide que el arenero es el lugar preferido para ponerse un perfume. Este comportamiento, lejos de ser anecdótico, tiene explicaciones conocidas por especialistas y genera dudas frecuentes entre quienes conviven con animales. Entender por qué ocurre permite actuar con mayor seguridad y prevenir riesgos sanitarios.