La bioquímica Ana Belén Ropero señala en un artículo publicado en The Conversation que una gran parte de los productos orientados a la infancia —desde galletas y bollería hasta cereales decorados o batidos con dibujos— no alcanzan los criterios de una alimentación saludable. Explica que el diseño llamativo, los personajes y la promesa de vitaminas añadidas influyen más en la elección que la calidad real. Por ello recalca que, en este contexto, “encontrar un producto realmente saludable entre la publicidad infantil es como buscar una aguja en un pajar”. Y añade que la apariencia nunca debe sustituir a la información nutricional. Su advertencia pretende evitar que las familias se dejen llevar por el marketing.
Los datos del equipo BADALI de la Universidad Miguel Hernández, citados por Ropero, muestran la magnitud del problema: tras revisar más de 500 productos, el 97 % resultó no saludable. Solo un 3 % cumplía los estándares recomendados, lo que confirma el desajuste entre la publicidad y la realidad nutricional. Además, solo uno de cada siete de los alimentos enriquecidos con vitaminas podía considerarse adecuado. Ropero insiste en que estos reclamos buscan mejorar la percepción del producto, pero no su composición. Por eso pide revisar siempre las etiquetas y no fiarse de los mensajes promocionales. Para ella, la educación nutricional es clave.
La experta detalla que dos de cada tres galletas enriquecidas incluyen dibujos destinados a captar la atención infantil, aunque ninguna sea saludable. Los cereales siguen una dinámica similar: existe alguna variedad aceptable, pero raramente está dirigida a menores. En cuanto a las bebidas de frutas enriquecidas, tampoco deberían formar parte de la dieta cotidiana, pese a su imagen de producto fortificado. Por ello defiende limitar la publicidad de alimentos no saludables a niños y adolescentes. Recuerda que varios países aplican estas restricciones desde hace años. En España, el Ministerio de Consumo retomó en 2022 un borrador para avanzar en esta línea.
Sobre los desayunos, almuerzos y meriendas, Ropero sostiene en The Conversation que es mejor un desayuno sencillo antes que uno poco saludable. Propone combinar un lácteo, un cereal y una fruta, siempre en versiones realmente nutritivas. La leche entera sigue siendo adecuada para los niños gracias a su aporte de calcio, mientras que los batidos lácteos deben evitarse por su contenido en azúcares o edulcorantes. Considera buena opción el yogur natural y los cereales sin añadidos. Finalmente, subraya que la fruta entera debe sustituir al zumo para evitar el consumo de azúcares libres. Su mensaje es claro: menos marketing y más salud.
La bioquímica Ana Belén Ropero señala en un artículo publicado en The Conversation que una gran parte de los productos orientados a la infancia —desde galletas y bollería hasta cereales decorados o batidos con dibujos— no alcanzan los criterios de una alimentación saludable. Explica que el diseño llamativo, los personajes y la promesa de vitaminas añadidas influyen más en la elección que la calidad real. Por ello recalca que, en este contexto, “encontrar un producto realmente saludable entre la publicidad infantil es como buscar una aguja en un pajar”. Y añade que la apariencia nunca debe sustituir a la información nutricional. Su advertencia pretende evitar que las familias se dejen llevar por el marketing.