Ana Kausel, endocrina: "A partir de los 40 los estrógenos y la progesterona empiezan a caer, lo que altera la forma en que tu cuerpo distribuye la grasa"
Ana Kausel, endocrina: "A partir de los 40 los estrógenos y la progesterona empiezan a caer, lo que altera la forma en que tu cuerpo distribuye la grasa"
No se trata de un fallo del metabolismo, sino de una transformación fisiológica que modifica cómo el organismo gestiona la grasa, especialmente en el abdomen
A partir de los 40, muchas mujeres empiezan a notar cambios físicos que no logran explicar pese a mantener hábitos saludables. La endocrina Ana Kausel señala que este fenómeno tiene un origen hormonal claro y que no se trata de un fallo del metabolismo, sino de una transformación fisiológica que modifica cómo el organismo gestiona la grasa, especialmente en el abdomen.
“¿Te sientes más inflamada, cansada, estancada o con la grasa abdominal aumentando sin explicación? No estás sola. Y más importante: no es tu culpa”, explica la doctora en su canal de YouTube. Kausel detalla que, con el inicio de la perimenopausia, “además, los estrógenos y la progesterona empiezan a caer, lo que altera la forma en que tu cuerpo distribuye la grasa y empieza a concentrarse en el abdomen”. Para ilustrarlo, recurre a una metáfora: el estrógeno actúa como un “árbitro” que decide dónde se acumula la grasa, favoreciendo durante la vida reproductiva las caderas y los glúteos frente al abdomen.
A partir de los 35-40 años se inicia una etapa en la que el cuerpo pierde de forma natural masa muscular, un proceso conocido como sarcopenia. Esa pérdida implica menos gasto calórico en reposo, ya que “tu músculo es tu motor metabólico” y sin él la glucosa se gestiona peor y la grasa se acumula con mayor facilidad.
La tasa metabólica basal también se reduce con la edad, mientras que el apetito no disminuye en la misma proporción. Si no se ajustan la alimentación y el movimiento, el resultado, según Kausel, es una combinación de ganancia de grasa, pérdida de músculo y sensación de estancamiento. A esto se suma un sueño más fragmentado, que eleva el cortisol, altera las hormonas del hambre y favorece los antojos y la fatiga.
Una estrategia distinta para el metabolismo femenino
Frente a la idea de que el metabolismo “ya no funciona”, la endocrina insiste en que el problema no es de fuerza de voluntad, sino de enfoque. “A partir de los 40 tu cuerpo cambia y sí, tu metabolismo también, pero eso no significa que esté roto, significa que necesitas una nueva estrategia”, afirma. Y añade que la solución “no es ni comer menos ni hacer más cardio”, sino reprogramar el entorno hormonal y muscular con hábitos específicos.
Entre las recomendaciones que comparte con sus pacientes, destaca la importancia de la proteína: la mayoría de mujeres no consume suficiente y, sin ella, no se puede mantener la masa muscular ni controlar el apetito. Su pauta general se sitúa entre 80 y 100 gramos al día, repartidos en dos o tres comidas completas, con desayuno, comida, cena y, en muchos casos, un tentempié también proteico.
Otro de los ejes de su enfoque es dejar de temer a los carbohidratos y elegir aquellos de buena calidad: legumbres, avena, arroz, patatas y otros alimentos poco procesados, especialmente los que aportan fibra. Estos carbohidratos completos, combinados con proteína de calidad, ayudan a mantener la saciedad durante más tiempo y facilitan la pérdida de peso sin pasar hambre constante.
Kausel advierte del impacto de las llamadas calorías líquidas, como zumos, batidos, cafés azucarados o alcohol, incluso en formato light. Muchos de estos productos son ricos en fructosa y, al igual que el alcohol, se metabolizan en el hígado, favoreciendo la acumulación de grasa visceral y el desarrollo de hígado graso, sin aportar saciedad ni beneficios metabólicos. La endocrinóloga subraya también el papel del sueño como auténtico “tratamiento metabólico”: sin descanso adecuado, no hay equilibrio hormonal ni combustión eficiente de grasa, aunque se coma bien y se haga ejercicio.
A partir de los 40, muchas mujeres empiezan a notar cambios físicos que no logran explicar pese a mantener hábitos saludables. La endocrina Ana Kausel señala que este fenómeno tiene un origen hormonal claro y que no se trata de un fallo del metabolismo, sino de una transformación fisiológica que modifica cómo el organismo gestiona la grasa, especialmente en el abdomen.