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Ray Ramis, especialista en salud integral: "La creatina tiene muchos efectos positivos a nivel mental"
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Ray Ramis, especialista en salud integral: "La creatina tiene muchos efectos positivos a nivel mental"

Cada vez más personas miran a los suplementos deportivos para rendir mejor, pensar con claridad y envejecer con la cabeza despierta

Foto: Ray Ramis en el pódcast 'Tengo un plan' (Youtube)
Ray Ramis en el pódcast 'Tengo un plan' (Youtube)

La creatina ha dejado de ser “cosa de gimnasios” para convertirse en uno de los suplementos de moda entre quienes buscan cuidar el cerebro, rendir mejor en el trabajo y llegar a la vejez con la cabeza clara. En esa conversación se mueve Ray Ramis, especialista en salud integral y excompetidor de culturismo natural, que insiste en el pódcast Tengo un plan en mirar más allá del músculo: “La creatina tiene muchos efectos positivos a nivel mental”, explica, aunque avisa de que no es una píldora mágica y que el contexto lo es todo.

Ramis distingue tres “realidades” de la salud: la biológica (de cuello para abajo), la mental (de cuello para arriba) y la más espiritual o de propósito vital. En su consulta trabaja con herramientas objetivas, como la variabilidad de la frecuencia cardiaca, para medir si la persona vive alineada entre lo que piensa, siente y hace. “No vemos la realidad como es, vemos lo que queremos ver”, recuerda, y añade que una parte importante del malestar actual tiene que ver con cómo gestionamos el estrés y la dopamina, no solo con lo que comemos o cuánto ejercicio hacemos.

En ese mapa integral de la salud, la creatina aparece como una pieza más, no como el centro del tablero. A nivel físico, explica, es el sustrato energético que el cuerpo utiliza para esfuerzos de máxima intensidad y muy corta duración: levantar algo muy pesado, hacer un sprint, un salto explosivo. Esa energía se almacena en forma de fosfocreatina y se libera en segundos. Lo interesante es que el cerebro también consume creatina y la utiliza para mantener estables sus niveles de energía, especialmente en situaciones de alta demanda cognitiva, falta de sueño o estrés continuado.

Por eso se habla tanto ahora de la creatina como “nootrópico” o apoyo para el rendimiento mental. Ramis matiza que los estudios que ven beneficios claros sobre memoria, atención o velocidad de procesamiento se han hecho, en su mayoría, con dosis mucho más altas de las que se recomiendan para el gimnasio: alrededor de 20 gramos diarios o más durante semanas, lo que tradicionalmente se conoce como fase de carga muscular mantenida. Con los 3-5 gramos que la mayoría toma para cuidar el músculo, admite, “hay pocos datos sólidos que demuestren mejoras cognitivas aisladas”. Su equipo está probando precisamente esos protocolos más altos, vigilando de cerca la hidratación, los minerales y posibles efectos secundarios como calambres o molestias digestivas.

Esa es otra de las claves del discurso de Ramis: la creatina mueve agua hacia el interior de la célula, lo que puede deshidratar el espacio extracelular si la persona no bebe y no se mineraliza correctamente. De ahí que insista tanto en el agua y los electrolitos. “No se trata solo de hidratarse, sino de mineralizarse”, repite cuando habla de cómo elegir el agua del grifo, de la importancia del magnesio, del sodio o del potasio o de por qué tanta gente nota tirones musculares aunque beba mucha agua. Un mal manejo de la hidratación convierte cualquier suplemento, también la creatina, en una fuente potencial de problemas.

El ejercicio de fuerza es otro de sus pilares. Ramis repite que entrenar la masa muscular es una especie de “biohacking completo”: acelera el metabolismo, mejora la sensibilidad a la insulina, protege las articulaciones, ayuda a mantener una buena temperatura corporal y sostiene las hormonas sexuales a medida que pasan los años. La flexibilidad metabólica —la capacidad del cuerpo para alternar entre quemar glucosa, grasa o fosfocreatina según la intensidad del esfuerzo—, añade, está “atrofiada” en muchas personas precisamente porque comen azúcar todo el día y apenas se mueven.

Cuando el tema vuelve a la creatina, lo hace siempre desde esa perspectiva global. Sí, puede ser una ayuda interesante para el cerebro en determinados perfiles: personas con alto desgaste intelectual, deportistas que entrenan muy fuerte, mayores que empiezan a perder masa muscular o incluso pacientes con patologías neurológicas en estudio. Pero Ramis insiste en que, si la base está desequilibrada —mal sueño, estrés crónico, abuso de azúcar, cero movimiento—, ningún bote va a solucionar el problema de fondo. Antes de buscar “la pastilla”, propone mejorar la relación con la comida, entender por qué se come por ansiedad y no por hambre y hacerse, si hace falta, buenas preguntas en terapia.

Su propia rutina diaria refleja ese enfoque más que cualquier discurso. Intenta despertarse sin alarma, encadenar meditación y lectura, practicar exposición al frío y sauna, moverse en zona aeróbica suave al amanecer y retrasar el primer plato del día para favorecer esa flexibilidad metabólica que tanto defiende. La creatina entra como una herramienta más dentro de un esquema amplio donde cuentan también el magnesio que no se pierde en azúcar, el agua filtrada y remineralizada, el aceite de oliva a primera hora y, sobre todo, la sensación de coherencia entre lo que uno hace y lo que de verdad quiere.

La creatina ha dejado de ser “cosa de gimnasios” para convertirse en uno de los suplementos de moda entre quienes buscan cuidar el cerebro, rendir mejor en el trabajo y llegar a la vejez con la cabeza clara. En esa conversación se mueve Ray Ramis, especialista en salud integral y excompetidor de culturismo natural, que insiste en el pódcast Tengo un plan en mirar más allá del músculo: “La creatina tiene muchos efectos positivos a nivel mental”, explica, aunque avisa de que no es una píldora mágica y que el contexto lo es todo.

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