Para que exista el sonido, debe de existir su contrario: el silencio. En el mundo actual en el que vivimos hay pocos momentos de silencio, ya sea por estar hablando, escuchar algo en el móvil o la tele o por el propio sonido ambiental.
Esta ausencia de silencio provoca que algunas personas no lo soporten cuando lo experimentan, sobre todo en mitad de una conversación. Puede ser interpretado como algo natural pero otros lo pasan mal y tienen la sensación incómoda de que hay que llenar ese silencio como cualquier comentario,
La psicología intenta entender este fenómeno y lo relacionan a cómo se gestionan las emociones y los vínculos sociales. Se suele vincular con la ansiedad social, con el miedo ajeno o con la necesidad de mantener el control en una interacción.
El problema está cuando un silencio se ve como una falta de interés y se asocia con la soledad, el rechazo o el aburrimiento. Estas formas de verlo dependen de la educación recibida por cada uno o su cultura.
La clave para la psicología es ver el silencio como algo natural en una conversación y así perderle el miedo. Aunque suene extraño, los silencios dicen más cómo se relaciona uno consigo mismo a cómo lo hace con los demás. Esos momentos de silencio y de calma no deben ser vistos como algo negativo en un mundo lleno de ruido.
Para que exista el sonido, debe de existir su contrario: el silencio. En el mundo actual en el que vivimos hay pocos momentos de silencio, ya sea por estar hablando, escuchar algo en el móvil o la tele o por el propio sonido ambiental.