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Hunter Bennett, doctor: "Cuando una persona deja de moverse, sus huesos y cartílagos comienzan a deteriorarse"
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Hunter Bennett, doctor: "Cuando una persona deja de moverse, sus huesos y cartílagos comienzan a deteriorarse"

La clave no está en evitar el impacto, sino en adaptarse a él de forma progresiva

Foto: La artrosis es una enfermedad reumática que lesiona el cartílago articular (iStock)
La artrosis es una enfermedad reumática que lesiona el cartílago articular (iStock)

Cuando se reduce la actividad física durante un tiempo prolongado, las estructuras articulares y óseas se ven afectadas. El cartílago y el hueso necesitan estímulos regulares para conservar su fuerza y elasticidad. Así lo explica el doctor Hunter Bennett en un artículo para The Conversation, especialista en ciencia del ejercicio, que desmonta la idea de que correr perjudica las rodillas. A su juicio, el problema no es el impacto en sí, sino la ausencia total de movimiento. Las articulaciones están diseñadas para soportar carga.

Estudios recientes confirman que correr no solo no daña las rodillas, sino que puede fortalecerlas. Tras una sesión, el cartílago se reduce ligeramente, pero se recupera en pocas horas, facilitando la entrada de nutrientes. Con el tiempo, este proceso estimula la adaptación del tejido. En comparación con quienes no corren, los corredores presentan un cartílago más grueso y huesos con mayor densidad mineral, lo que favorece la prevención de dolencias como la artrosis.

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Bennett lo resume con claridad: “cuando una persona deja de moverse, sus huesos y cartílagos comienzan a deteriorarse”. La evidencia demuestra que incluso a edades avanzadas, introducir actividades de impacto puede ser seguro y efectivo, siempre que se haga de forma gradual. Un estudio de 2020, centrado en mayores de 65 años, reveló beneficios en fuerza y movilidad tras practicar ejercicios pliométricos. Estos implican más carga que correr, lo que refuerza su argumento de que el running no debe temerse.

Eso sí, la adaptación del cuerpo exige paciencia. La mayoría de lesiones en corredores se relacionan con errores en la gestión del volumen de entrenamiento. Subir demasiado rápido la distancia o la frecuencia puede generar problemas articulares o musculares. Para minimizar riesgos, se recomienda avanzar poco a poco, alternar con caminatas y priorizar superficies blandas como el césped. Una buena nutrición y descanso también son claves para evitar lesiones por sobreuso.

Cuando se reduce la actividad física durante un tiempo prolongado, las estructuras articulares y óseas se ven afectadas. El cartílago y el hueso necesitan estímulos regulares para conservar su fuerza y elasticidad. Así lo explica el doctor Hunter Bennett en un artículo para The Conversation, especialista en ciencia del ejercicio, que desmonta la idea de que correr perjudica las rodillas. A su juicio, el problema no es el impacto en sí, sino la ausencia total de movimiento. Las articulaciones están diseñadas para soportar carga.

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